Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey

Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey
Año 3303. Día: lo ignoro. Mes: Lo ignoro

No sé porque me da por redactar cuadernos de vuelo a estas alturas. Quizá por recomendación de sensei Lucille. Para calmar el mal genio. Por eso y para no tener que alinear los tubos de los multicañones a mano como me ha hecho hacer un millar de veces cuando me oye maldecir a todas las deidades habidas y por haber. Sé en qué año vivo, y a veces me preocupo de saber el mes y el día. Pero la mayoría del tiempo no es que no lo sepa, es que me da exactamente igual.
Oigo a Lucille gruñir por audio cuando no me oye teclear. Le digo que no se que poner, y me aconseja que empiece por el principio. Que empiece por el principio me dice, pues aquí estoy, cerveza en mano contando mi desventurada vida como piloto de la federación.

El principio. El principio es una soberana mi**da montado en una jo***a Sidewinder, después de haberme pagado la licencia limpiando vómito, sangre y vísceras de cápsulas de escape; me gasto un pastizal y me dan una sidewinder pelada, y me dejan ahí suelto sirviendo de diana móvil para todo el mundo. Saltando de sistema en sistema, haciendo recados que nadie quiere hacer para poder pagarme algún módulo para ganar más dinero.
Una de las cosas deleznables que he hecho es recuperar cápsulas de escape, y de camino a una estación recibir una oferta de esclavismo. Pagaban más, así que acepté. “Que deshonra” dirán algunos, “por un puñado de créditos, que vergüenza”. El honor no paga el combustible ni el seguro de la nave.

Eso he aprendido: que el honor está muy bien para los libros de historia, para contar cuentos a los jovenzuelos y enseñarles el camino recto. Todavía recuerdo aquella bronca. Acababa de hacer mi primer derribo de un comandante, el primero con “Alassenya 2” mi fiable Vulture. El otro era una Cobra, un contrabandista casi inofensivo. No tercié palabra ni di cuartel, ni siquiera cuando pude comprobar que andaba más perdido que yo. Acabó explotando en mil pedacitos antes de que mi motor de distorsión tuviera tiempo de enfriarse tras salir de supercrucero. Y mientras esperaba a que se enfriara me distraje buscando la cápsula de escape, aparecieron las fuerzas de seguridad del sistema; recogieron la capsula de escape cuando la tenía a tiro (no era fácil encontrarla entre tantos restos de cápsulas de esclavos imperiales) con una reprimenda sobre la convención de la federación de pilotos de no atacar cápsulas, una lección sobre la moral, el honor y todas esas chorradas. “Decidles a esos esclavos, que su captor luchó con honor. Que pague el seguro de su nave con honor. Me pregunto si en la estación me recargarán el depósito a cambio de honor…”. Me amenazaron que si volvían a verme encañonando una cápsula dispararían sin pensar. Que majos.

Dentro de todo lo que se puede hacer para ganar dinero, legal o ilegalmente, me apasiona el combate. Depurar tus habilidades para sobrevivir un día más. Pero no busco derribar a más rivales, ni ganar más dinero. Al principio creía que si, pero no. Se trata de algo más profundo, y no sabía lo que era hasta hace unos dos meses.
Estaba con mi vulture en una zona de combate, sobreviviendo. Fueron unos instantes en los que tuve una epifanía. Estaba encañonando una FAS, una Eagle venía por mi izquierda y tuve que subir para esquivarla; la Eagle perseguía a una Taipan a la que había evitado desviando mi trayectoria 3 grados a la derecha. Mientras tanto, la FAS había girado sobre sí misma y venia hacia mi como si fuera un caballero en una justa medieval así que tiré de postquemador e hice un tirabuzón dejando al enemigo dentro del rizo, y justo al terminar subí bruscamente para no recibir de lleno los disparos de plasma de una Python enemiga que atacaba a la Eagle de antes. Aproveché para encarar la FAS y disparé con saña hasta que explotó en mil pedazos. Atravesé los trozos de casco para buscar la siguiente presa, una Type-9 que estaba siendo atacada por aliados. Esos momentos duraron apenas unos segundos, pero en esos segundos, me sentí vivo. He vuelto a tener esa sensación unas cuantas veces, sentirme realmente vivo. A veces he sobrevivido, otras he acabado flotando en mi cápsula, revisando mentalmente mis errores para no repetirlos. Pero siempre he tenido la misma sensación y el mismo pensamiento contradictorio: nunca te sentirás más vivo como al borde de la muerte.

No soy un depredador. No soy un león orgulloso que muestra sus cicatrices buscando una presa apta. Ni un lobo que va en manada cazando presas mayores. Cuando conocí a Lucille, me lo dijo y me lo aclaró:
- Eres una alimaña.

Me dijo. Yo me sorprendí y me enfadé un poco. Acababa de conocerla y fue lo primero que me dijo. Ella me lo aclaró.

- No te lo tomes a mal. No es malo. Verás, hay depredadores, y hay presas. Tú no eres una cosa ni la otra. Eres una alimaña, las alimañas son supervivientes por naturaleza. Por eso te sientes vivo cuando corres riesgo, segregas adrenalina, la necesaria para sobrevivir. Olvídate de esas chorradas sobre lo justo, lo correcto y lo incorrecto. Céntrate en lo importante, que es sobrevivir. Si sobrevives, has ganado. Piensa en esto: a día de hoy, nadie se acuerda del tigre de Tasmania, pero todos conocen las cucarachas, las ratas, las avispas…

Recordé aquella tarde, cuando aún era un muchacho que soñaba con volar. Estudiaba kenjutsu, el noble arte milenario del sable de dos manos que usaban los guerreros samurái del Japón de la vieja Tierra. Estaba cansado de recibir golpes como un animal; así de torpe soy. Así que aquel día, en el habitual duelo de práctica, no esperé al desenvaine mutuo y al saludo ritual. Lancé una patada a la empuñadura de mi rival para apartar sus manos, desenvainé su propia espada y lo golpeé hasta derribarlo. Tendido en el suelo, me miró y me dijo “¡NO TIENES HONOR!” volví a golpearlo para hacerlo callar, miré al sensei y le ofrecí la espada de mi rival: “Murió con honor” fue lo único que dije. No hubo reprimenda. Cogió la espada de madera con la habitual cortesía y continuamos como era habitual; el vencedor seguía siendo retado hasta ser derrotado y que otro ocupara su puesto, o que todos los estudiantes se hubieran batido al menos una vez. El resto de estudiantes parecían sorprendidos por la ausencia de reprimenda y un poco asustados, porque no sabían a que atenerse conmigo, y aproveche ese sentimiento para apabullarlos y apalizarlos uno a uno, como todos y cada uno de ellos habían hecho conmigo alguna vez. Tras cada victoria, recogía sus espadas de madera y las entregaba al sensei diciendo lo mismo “murió con honor”. Aquel día, y por primera vez no abandoné el círculo de duelo. Al día siguiente la cosa fue diferente. Todos desconfiaban de mi en batalla, pero alguno seguía sugestionado, cosa que aproveché, aunque no fui invencible esa vez. Tras la práctica, el maestro dijo unas palabras que se me quedaron grabadas:

- Hoy sí he visto guerreros. Hoy si habéis temido por vuestras vidas. Vuestros enemigos no siempre compartirán vuestro camino, a veces serán sucios, rastreros y letales. No porque sean peores personas, si no porque no pueden ser mejores luchadores.

Honor es una palabra, palabras hay de muchas. Vida, sólo una.
 
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Una vez, en alguna estación perdida, escuché un antiguo dicho que sonaba a algo parecido a "En el amor y en la guerra, todo vale".

Quizás yo no sea un ejemplo de honorabilidad sin tacha, ya que también he destruido inofensivas naves marcadas como "Buscadas" sin preguntar si era justo o no que estuvieran etiquetadas de esa manera... pero nunca he disparado a cápsulas de escape y creo que hacer eso es una acción sumamente cruel y difícilmente justificable.

Por lo tanto, tu comportamiento me parece deplorable y quizás deberían quitarte la licencia de piloto si sigues actuando de esa manera.

Hace tiempo que leí tu relato y me gustó un montón; me quedé con las ganas de contestarte y hoy me he acordado. Te animo a que sigas escribiendo, que creo que, aparte de tener mucha imaginación, escribes muy bien (aunque tampoco es que yo sea un gran crítico literario, jeje)

Yo hace unas semanas escribí un par de cosas pero no he vuelto a hacerlo... a ver si me animo a definir un personaje, pero me parece complicado y me es difícil darle cierta coherencia y separarlo de mi verdadero yo.
 
Si. Igual si. Igual deberían haberme retirado la licencia en lugar de haberme reprendido y amenazado. No seré yo quien diga que es moral y que no. ¿Donde está el limite? ¿Quien lo dicta? ¿Y porqué esas personas y no otras? No lo se. Mi única preocupación es sobrevivir. Y si algo amenaza mi supervivencia actúo. Llámalo mente primaria. Llámalo falta de escrúpulos. Pero hago las cosas por un motivo simple, gano dinero o protejo mi seguridad. Igual disparar a cápsulas de escape no encaja ahí, o igual si porque era una manera de protegerme en un futuro. A lo mejor sólo quería dañarla para dejar un mensaje, con un gato que bufa y eriza la cola cuando se siente amenazado. Un mensaje para evitar represalias futuras. Independientemente de que se trate de una conducta deplorable o no, me educaron en asumir las consecuencias de mis actos, no para excusarlos.

Gracias jeje. Pues yo te animo a escribir. Verás, cada personaje que crees, tendrá un poco de ti. Buenos, malos, heroicos, cobardes, mezquinos, todos tendrán un poquito porque los has creado tu. Después tomarán vida propia.
En el caso de elite se complica, y si tendrá una mayor parte de uno mismo. Si bien mi personaje y yo pensamos parecido, no me expresaría con tanta rudeza en realidad. Te animo nuevamente a escribir. No te preocupes tanto por hacerlo bien o mal. En este caso, es un cuaderno de bitácora, escribe para ti.
 
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Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey
Año 3303. Día: lo ignoro. Mes: Lo ignoro

Al parecer, según Lucille, me voy por las ramas y no me explico bien. Yo creía que un cuaderno de Bitácora eran reflexiones propias, como hablar conmigo mismo, y no solo un conjunto de datos fríos; si no de las sensaciones y vivencias antes, durante, y después de obtener esos datos. Esto es, la experiencia vivida durante el proceso.
Resumiendo: que después de alinear los multicañones a mano, como castigo, he calibrado el campo electromagnético de los cañones de railes. También a mano. Para no estar aquí de forma física, Lucille es muy convincente. Pero es innegable que me ha enseñado mucho.

Vuelvo al principio. A la jo**da sidewinder. Apenas llevaba un mes como piloto freelance y ya estaba cansado de vagar. No es que no me gustase viajar, es que necesitaba establecerme en alguna parte. Un sitio al que llamar hogar. Y una cama cómoda, no maldormir en la nave flotando a la deriva o en un camastro que había sido usado una y mil veces.
Fue de madrugada, el trasto que llevaba por nave y al que llamaba hogar recibió una transmisión. Era de una tal Julia Cross y hablaba sobre su alianza. Alliance Democratic Network (ADN). No puedo negar que el mensaje me llamó la atención así que decidí rastrearla. Así fue como llegué a Yoruba. No era el origen de la transmisión, pero si el del repetidor, que era bastante potente. Una vez allí me dirigí a Mendez Dock, la estación más cercana, donde lo que más me llamó la atención fue la publicidad de Thorgo, un abrevadero para pilotos. Tras el escaneo pertinente por las autoridades, aterricé y fui hasta el garito. Nada del otro mundo. Un panel de neón que zumbaba como un panal de abejas, con el nombre del local en un fucsia chillón que hacía daño a la vista. Al entrar pude ver la flor y nata del sistema: varios pilotos, mozos de almacén, algún “policia” ya fuera de servicio. Me dirigí a la barra a pedir algo de beber. Me atendió una señora, tendría unos cuarenta o cincuenta. Se le notaban los años en las facciones y por las maneras se intuía que no había tenido una vida fácil, pero conservaba algo de su alegría juvenil. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fueron sus tres tetas. Sí, tres tetas. Tenía dos canalillos y ese día tenía un colgante que descansaba en cada uno de ellos. Me quedé mirando descaradamente fascinado, no pude ser más sutil, estaba demasiado cansado.

- Quieres beber algo muchacho. Las vistas son por cuenta de la casa siempre que tomes algo.
- EEhhh… - balbuceé antes de poder articular palabra – un whisky solo, por favor.
- Claro ricura. Quitate las gafas de sol, es de mala educación llevarlas en lugar cerrado.

Hice caso mientras ella preparaba mi pedido.

- Esa es La Paqui. La de las tres tetas.

Dijo el hombre que estaba sentado en un taburete a mi lado. Estaba tomando una cerveza helada y comiendo jamón curado. Su forma de hablar era coloquial pero elegante, a la vez cercana y llana. De alguien con clase pero que venía de casta humilde. Comandante Xiz me dijo que se llamaba. Al parecer era uno de los benefactores de la ADN, junto con Charlie, Rodicon, Igor, Tommy y otros tantos. Todos ellos se encargaban de expandir los ideales de libertad y democracia de Julia Cross por los sistemas, predicando con el ejemplo.
Tras un par de sorbos de mi whisky, pregunté por alojamiento. Paqui proveía habitaciones en alquiler, ya fueran temporales o permanentes.

- Me caes bien chiquillo - ¿chiquillo? Si tengo ya treinta y… - sé que te quedarás más tiempo, así que te daré una de las habitaciones grandes.
- Bueno, vale. Gracias.
- Sonríe muchacho. Diviértete un poco joder. La vida es corta.
- Mucho.
- Mira, no vayas de gilipollas atormentado. Hay mucho de eso, si tienes personalidad exponla, y si no vete a tomar por c*lo. Ten, invita la casa.

Me guiñó un ojo y me sirvió otra copa y unos frutos secos. Me quedé pensando en lo que llevaba hasta ahora como comandante freelance y... Y me decidí a dormir antes de tomar una decisión precipitada. No hubo problema en pagarle una botella y llevármela a la habitación, pero no sin antes comer algo claro. Yo no quería, pero Paqui insistía. No tenía claro si era por su magnetismo, su calmada forma de actuar como si lo supiera todo, sus tres tetas, o todo eso junto. O ese afán de madre/madrastra (madrastra no en el mal sentido, sino en el sentido de madre no biológica, y de fornicar sin sentir que estabas incómodamente en un incesto). Cené y me fui con mi botella a descansar un poco.


¿Sabes esa sensación? ¿Cuando te taladran la cabeza y suena como el chirrido de la broca contra el metal? Pues eso mismo, las sienes me palpitaban fruto de la resaca, pero el chirrido era el comunicador.
- J*der… Sí, quien habla
- ¡Que pasa mar***nazo!
- Walker. Me ca*o en tu p*ta vida cabr**azo. ¿¡Habrá horas en el día para llamar!?
- Nibe tío, otra vez de resaca. Si ya es medio día
- Si macho
Me incorporé y bebí agua hasta hinchar mi tripa. Después me coloqué el dispositivo manos libres y me fui a soltar líquido.
- Verás, me acaban de proponer un negocio redondo y he pensado en mi piloto favorito.
- Dirás el único que sucumbe a tus ideas locas. Todas las veces que he trabajado contigo ha pasado algo. La última vez me buscaban el Yoruba.
- Bah!! Cosas que pasan, ya sabes
- Apenas llevaba un mes con ADN y me buscaban mis propios camaradas. Si no fueran buenas personas me habrían cazado y cobrado la recompensa en lugar de hacer la vista gorda.

En realidad, eso lo hacíamos entre nosotros porque siempre había alguno con precio a su cabeza, pero Walker no lo sabía. Habían pasado unos meses desde que La Paqui me había aceptado. Me quedé con la ADN y me divertí lo que pude.

- Oye que sacamos un buen pico con eso de vender armas de alta tecnología. Te compraste esa nave que tanto te gusta. Una Vulture, ¿no?
- Si. Y luego tuve que pelear contra esos a los que habíamos armado mientras tú te dedicabas a sabotear bases planetarias.
- Que luego tu pirateaste para obtener datos que vendiste al otro bando.
- Mientras tú volvías a cambiar de bando y dar información de nuestros generales tras la guerra.
- Información que conseguí de sabotear esas bases. Pero tú aceptaste todos los contratos para asesinarlos mientras viajaban a otros sistemas.
- Oye Walker, podemos seguir así todo el día. Somos dos alimañas.
- ¿Entonces de qué te quejas?
- Si no me quejo, es que tengo resaca, busco analgésicos y estoy irritado porque no los encuentro

El plan loco de mi amigo Walker era infiltrarnos en una base federal y robar una nave. Eso no podía salir bien…
 
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Vaya, parece que has dejado de destruir capsulas de escape y te has acomodado en una ética laxa y flexible, de mercenario que se vende al mejor postor... como la mayoría de pilotos de la burbuja... como yo. Al menos parece que la mayor parte de tu trabajo favorece la expansión de los ideales democráticos... como dijo un político antiguo, " la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando".

Nada, soy muy perezoso y no me pongo ni a rolear ni a escribir... a ver si con una cuenta nueva que me he comprado en las rebajas me animo, que ese personaje está "virgen" y es más fácil construir una historia sobre él, ya que con el de mi cuenta principal me es más difícil encontrar cierta coherencia, como que tenga cierto rango en la Federación y en el Imperio, que no lo veo muy lógico... en fin, supongo que al final todo son excusas, jeje... y si hasta ahora no me he puesto a escribir, esta época veraniega es más complicada, así que lo veo dificil.
 
Estooo... si, expansión de los ideales... ¿demográficos? No, democráticos, eso era. Si, claro, eso es... (esconde el brandy con etiqueta del imperio que guarda debajo del asiento y que fue la propina del último trabajito)

El verano es muy malo para ponerse a empezar, pero no es imposible. Y tampoco hacía falta una cuenta nueva. Yo sería incapaz de llevar dos cuentas. Ya con una me vale. Eso de tener rangos con la federación y el imperio no tiene que ser necesariamente algo que dificulte el roleo. De hecho le añade salsa porque la historia puede dar mil giros. Llevarse bien con una facción federal, un grupo de disidentes imperiales que necesitan ayuda, un mensajero federal que quiere llevar un mensaje al corazón del imperio y necesita alguien que tenga su confianza. A mi me gusta alejarme de las historias épicas de heroísmo y quedarme con las ratas que sobrevivieron al hundimiento del titanic. Pero la riqueza está en la variedad, cuantas más variadas sean entre si la historias de los comandantes, mas riqueza tendrá el foro.
Y atento que se viene la segunda parte: El plan loco de Walker
 
Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey
Año 3304. Día: lo ignoro. Mes: Lo ignoro

Las grietas del cristal blindado de la cabina amenazaban con recorrer toda la superficie acristalada, como si fuera una carrera macabra para ver que grieta hacía restallar la delgada lámina de vidrio que separaba nuestros cuerpos del vacío del espacio. Los refuerzos internos de la cañonera federal parecían ser lo único que mantenía los pedazos unidos y sin estallar aún. Por fuera, el generador de escudo había dejado de zumbar; se había sobrecargado tanto y había recibido tanto castigo que era incapaz de obtener suficiente energía. El casco lucía toda una suerte de “heridas” de casi todas las armas del arsenal federal, armas de naves y armas de mano; había lugar para todas ellas, no se discriminaba. El ambiente era algo tenso dentro del habitáculo. Walker estaba sentado en el asiento del copiloto, con el casco en la mano por si acaso, y no dejaba de mirar de reojo la compuerta que daba lugar a la pequeña bahía de cazas, asegurada con el cañón de un rifle de asalto a modo de cerrojo, por si se abría repentinamente para sacarnos todo el oxígeno mientras hacía explotar el cristal de la cabina y sufríamos una muerte mezcla de falta de oxígeno, cortes por todo el cuerpo e hipotermia. Debajo de esa compuerta, la bahía de cazas se había quedado abierta con la compuerta reventada.

- Está el ambiente cargado eh

Mi compañero trató de amenizar el ambiente. Lo miré de reojo, no me preocupaba que esa compuerta se abriese, estábamos bien atados a los asientos y con los cascos a mano, pero revisé por enésima vez el indicador de combustible, no me fiaba de su fiabilidad tras la ajetreada huida. Trataba de atisbar de entre los asteroides una ruta factible para la escasa maniobrabilidad de aquel tanque volador y que, por si fuera poco, estaba mermada por fallos varios en los motores.

- ¿Te parece bien si pongo un poco de música para relajar esto?
- Ponla. Igual así me relajo y dejo de apretar el culo.

Recordé mentalmente la hazaña mientras mi compañero conectaba el reproductor de música al panel de control. Una perla de sudor bajaba por mi frente temiendo que esa gota de energía hiciera colapsar el núcleo de energía. Miré al cristal y vi de nuevo el origen de cada grieta, volví a sentir cada impacto. Respiré hondo y la pesadilla empezó de nuevo.

Una hora antes, estábamos en la estación Federal #CENSURADO# del sistema #CENSURADO#. El contacto de Walker era un empleado de mantenimiento, le dimos unos créditos para que sobornara a las guardias y que nos dejara pasar al hangar ataviados como empleados de mantenimiento. No recuerdo como fue, pero nos descubrieron cerca del objetivo, una nave de asalto federal que aún estaba pendiente de asignar, y por tanto era fácil de limpiar y difícil de rastrear. Pero no pudimos llegar. Nuestras benefactoras recién sobornadas dispararon a matar con precisión quirúrgica una vez saltó la alarma, y lo más cercano para resguardarnos fue una cañonera federal. Subimos a ella los dos, el contacto de Walker fue alcanzado por varios disparos certeros en el torso. No miré atrás, subí y no dudé en encenderlo todo para salir de allí. En lo que arrancaba el generador de escudo, los soldados federales que estaban entrando por todas partes descargaron su artillería pesada contra la cabina, para destrozarla y matarnos antes de que escapáramos. Por suerte el cristal aguantó hasta que el escudo hizo una cúpula de energía rodeando la nave. Pero la maquinaria federal demostró su cruel eficiencia bélica, ya había cazas dando pasadas afuera y disparando ráfagas precisas hacia el interior.
Conseguí levantar el culo de la cañonera y hacerla avanzar hacia la libertad, pero los federatas no son famosos por rendirse. No sé cómo se las ingeniaron, pero un proyectil cargado con una ojiva ligera penetró parte del escudo y afectó al generador de escudo. Seguía funcionando, pero éste zumbaba con un ruido grave y a cada poco, la nave alertaba de una sobrecarga o simplemente el escudo se desvanecía un segundo antes de funcionar de nuevo. Tenía un escudo que funcionaba a rachas y a los más letales tiradores entrenados en las ráfagas de precisión enfadados conmigo… La pesada nave avanzaba lentamente recibiendo más castigo del que pensé que podría soportar.

- Nibe. Aquí hay algunas armas. Ábreme esa compuerta, nos daré tiempo.
- Tiempo para qué. Delante tenemos las naves esperándonos, detrás acero. Arriba más acero y abajo armamento pesado. Ni para adelante, y para atrás, ni arriba ni abajo.
- Pasa a través de esas naves, o muere en el intento.
- Eso da a la bahía de cazas. – Me resigné, no quedaba otra opción. Abrí la compuerta – pero eso tiene que estar cerrado cuando pasemos esa entrada (si pasamos) o el espacio hará el vacío y nos expulsará.

Me levanté y le empujé con prisa a mi compañero para pasar primero. Abrí la cabina del caza y conecté toda la energía a los motores

- Esto va a salir disparado, en cuanto caiga dispárale al motor, esperemos que explote. Quédate toda la munición, yo seguiré haciendo volar esta nuez. No puedo esquivar mucho, así que tienes estabilidad de sobra para disparar a placer.

Cuando me di la vuelta, tenía al mercenario armado con dos fusiles, los cargadores unidos entre ellos con cinta adhesiva, y un amasijo de munición alrededor de una granada de mano. Dejó caer el explosivo a la cabina del caza y lo dejé echar a volar. La pequeña abeja abandonó la colmena de acero y explotó iluminando todo el hangar. Oía reir a Walker mientras dispensaba muerte a los soldados cegados y aturdidos por la explosión. Pero frente a mi estaba el reto: superar el muro de fuego enemigo. Sentía cada impacto de los cazas F-63 en el casco, pero lo que me aterraba eran las armas grandes que me esperaban fuera. Grité algo, no recuerdo qué, Walker me dijo algo nervioso, no lo entendí, pero se le notaba agobiado, luego supe que la compuerta que daba a la bahía de cazas no tenía seguro y tuvo que asegurarla con el cañón del rifle. Seguramente fallos como ese serían el motivo por el que aquella tartana estuviera en mantenimiento y fuera de servicio. Se sentó a mi lado asustado, pero al ver el recibimiento que nos esperaba su rostro se apaciguó, como si entendiera que allí iba a morir.

- Dale caña. Arrastra a los que puedas.

Me miró y sentí su alma en paz, no se arrepentía de nada. Le miré con cara de furia, respiré hondo y grité mientas embestía con aquella bestia hundiendo el botón que accionaba el booster y desconectaba el asistente de vuelo. Salimos de allí girando sobre el eje de alebeo e impactamos a las naves federales, haciendo dar tumbos a los condor que nos bloqueaban el paso. El escudo terminó de colapsar, y tras enderezar la nave nos llovió el armagedon. La nave se quejaba tras cada impacto, Walker intentaba apretar botones para hacer algo útil. Yo apretaba los dientes en lo que desviaba la energía a motores. Sentí algo raspar por debajo, supuse que había salido el otro caza del hangar. “Sube, arriba, arriba”
No sé porque hice caso, pero lo hice, y acto seguido escuché detrás una fuerte explosión. Por un momento pensé que nos habían volado la popa de la nave y que la succión nos arrastraría fuera. Pero el fuego cesó, y no me costaba respirar. Accione el motor de distorsión.

- Minas especiales. Las puse en el caza, fue un regalito de un colega. Ha distorsionado los sistemas de apuntado y formado una nube espesa de partículas ferromagnéticas.
- Nos has llenado el culo de metralla magnética. Gili**llas.
- No se me ocurrió otra cosa.

Tampoco había nada mejor que hacer salvo rezar porque el campo magnético minúsculo de la metralla impidiera que los disparos alcanzaran puntos vitales y nos dejaran saltar a otro sistema.

El ordenador de abordo comenzó la cuenta atrás para iniciar el salto de hipermotor:
4
Recibiendo ataques múltiples
3
Daños estructurales críticos. Calor incrementado.
2
Daños internos por calor. Fallo general. Misil detectado
1​

Salimos de allí enteros. No sé si obra de alguna deidad o pura suerte, pero sobrevivimos. Saltamos a un sistema desconocido, y corrimos hacia el anillo más grande del planeta más cercano, con la esperanza de despistar los rastreos de estela. Podrían rastrearnos hasta el sistema, pero si los despistábamos dentro del anillo de cuerpos celestes estaríamos salvados.

Y allí estábamos los dos. En un ataúd blindado a punto de reventar, perseguidos por casi toda la flota federal. Walker consiguió encender el reproductor de música, y por los altavoces sonó durante unos 20 segundos una melodía de armónica acompañada de una voz radiofónica, parecía un ensayo, pero acto seguido sonó una voz de barítono, grave y cercana que gritaba casi lo que nos acababa de pasar:

- NI PA´LANTE NI PA´TRAS, NI PA´RRIBA NI PA´BAJO *a coro* ¡AL CA**JO!

Las luces de la nave titilaron y la música rockera dejó de sonar. Saltó la alarma de oxígeno, y en menos de un minuto volvió a restablecerse la energía y el oxígeno. Walker y yo nos miramos y no pudimos si no reír a carcajadas durante un buen rato, tanto que al día siguiente me dolió la barriga por las agujetas. Una buena forma de descargar la tensión de haber visto la muerte tan de cerca y durante tanto tiempo. Por suerte, aquel trozo de metal seguía volando y proporcionando oxígeno.
Salimos del cinturón de asteroides y fuimos a por el contacto de mi amigo mercenario, en un sistema cercano. Después de todo ese era el plan: Robar una nave de asalto federal sin registrar, e ir a registrarla “legalmente” como mía. El trabajito me iba a costar unos 15 millones de créditos entre papeleo, hackeo del sistema y reparaciones. Pero seguía siendo más barato que ganarse la confianza del cuerpo federal y pagar su precio de venta, claro que el objetivo eran una Nave de Asalto Federal; pero teniendo en cuenta los más de 35 millones que costaba aquel ataúd blindado, se podría decir que había salido ganando.
Pasamos las siguientes dos noches emborrachándonos, recordando los viejos tiempos. Celebrando, que habíamos sobrevivido otro día. Como buenas alimañas.


Enlace a la canción, por si queréis ambientar la escena
https://www.youtube.com/watch?v=b-uHE9McS8I

Y de esta manera tan hollywoodiense se explica como algunos pillamos la oferta de naves federales jeje
 
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Habeis tenido mucha suerte pero lo normal es que, si dos hienas solitarias intentan robarle la comida a una manada de feroces lobos, las alimañas terminen siendo devoradas por los depredadores aunque se aprovechen de las ventajas que proporcionan la oscuridad de la noche y el efecto sorpresa... No apuesto mucho por la supervencia de unas alimañas tan osadas... ¿O quizás tan imprudentes e insolentes?
 
Ehhhhm... La hienas tenían el mordisco más poderos entre los mamíferos terrestres de la antigua tierra. Cuidado con ellas. :/
 
La imagen de hienas robando un pedazo de carne a un grupo de leones.
*Acerca la imagen*
Las hienas comiendo la carne por turnos, mientras se lamen las heridas causadas por la osadía.
*Acerca la imagen*
Una hiena rascándose. Algo le pica.
*Acerca la imagen*
Pulgas... Eso somos nosotros, los parasitos del parasito. Tranquilos, pronto todo esto tendrá sentido.
 
Cierto, las hienas son poderosas y un par de ellas pueden hacer frente a una pequeña manada de lobos, por lo que el ejemplo de los leones es más adecuado.

Y las pulgas, aparte de ser muy molestas, pueden llegar a ser más peligrosas que las hienas y derribar imperios, como ocurrió con la peste negra en la Tierra... por el bien de la Federación, espero que seáis unas inofensivas y ridículas pulgas saltarinas de circo... y os recomendaría no mezclaros con ratas, que son el reservorio donde se encontraba la peste... aunque supongo que como vulgares pulgas, os da igual y solo buscáis un poco de sangre caliente, ya sea de rata, hiena o leon.
 
https://www.youtube.com/watch?v=9u9ymiSmtXY

Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey
Año 3304. Día: lo ignoro. Mes: Lo ignoro

Equipé la cañonera en cuanto la resaca me dejó pensar. Armas guiadas sobre todo, su agilidad no daba para armas fijas. Y dos torretas en el techo, que tuvieran buena movilidad. Mantuve el hangar de cazas, incluso contraté a una joven con ganas de demostrarse algo así misma. Le dejé bien claro que íbamos de viaje de vuelta a Yoruba, pero que quería pegar tiros por el camino, para probar la nave en combate, no sólo recibiendo castigo, si no también infringiéndolo. Pasamos por un par de zonas de extracción y cobramos algunas recompensas. El trasto era lento y pesado, pero en cuanto tenía al objetivo a tiro lo evisceraba en segundos. Y si escapaba, el piloto del caza hacía honor a su nombre y cazaba a la presa herida.
En las pocas conversaciones con mi tripulante, me vi a mí mismo, cuando era más joven. Con su edad conocí a Walker y aquello me recordó los viejos tiempos. Cuando limpiábamos por horas la roña de vehículos de guerra. Y de vez en cuando, nos metíamos en algún negocio turbio ensuciándonos las manos con sangre de desconocidos para pagarnos algún lujo superficial. Poco a poco, nos dedicábamos más a ser soldados de fortuna por horas, que limpiadores. Montamos un pelotón y todo. Uno pequeño, no llegamos a 10 cuando fuimos más numerosos. A Walker se le daba bien aquello. A mí no.
Yo no era más que el soporte logístico. Contra reconocimiento; escaneo, alguna demolición controlada, primeros auxílios, fuego de supresión, aunque mi especialidad era el combate cuerpo a cuerpo. Pero aquello no era lo mío. Me sentía desnudo aunque llevara el blindaje corporal y hubiera comprobado su eficacia en más de una ocasión, eso no era lo mío. Nos separamos, yo seguí limpiando hasta que pude pagarme la licencia de piloto, y Walker siguió manchándose las manos hasta convertirse en mercenario de dudosa reputación.

Ya en Yoruba con mi recién “adquirida” nave, despedí a la joven piloto de caza y le di una carta de referencia para futuros comandantes.
En cuanto metí aquel ataúd blindado en su hangar fui directo al abrevadero. Qué mejor forma de celebrar la vuelta a casa que perdiendo la consciencia con los amigos.

• Comandante Niberobey. Le estaba esperando

Un chupatintas bien vestido estaba en la barra de Thorgo, sentado en uno de los taburetes. Paqui le había avisado de mi entrada al local, por lo que estaba parcialmente girado e invitándome a tomar asiento en el taburete junto a él. No me fije en el resto de los parroquianos, pero a esa hora no estaba el local muy concurrido.

- Y tú eres…
• Soy *CENSURADO*, soy inspector federal y quería preguntarle por unos sucesos que ocurrieron hace poco en una base de nuestro líder federal, Zachary Hudson.
- Estás un poco lejos del lugar de los hechos. En las películas suelen investigar el lugar del crimen. - Esbozó una sonrisa en lo que me sentaba a su lado -. ¿Y qué quiere de mi exactamente?
• ¿Dónde se encontraba usted el día ** a las **:**?

“Me estaba fo**ando a tu p*ta madre pedazo de mie**a federal” Pensé para mis adentros. Estaba cansado de domar la cañonera, de pasar por el estrés de viajar en esa tartana a punto de explotar durante horas, después de habérsela robado al ejercito mejor preparado de la galaxia. Tener a un policía federal husmeando me puso al límite.

- ¿Esto es algún tipo de investigación oficial?
• No – sonrió de nuevo y trató de calmar los ánimos-, cálmese. Es una visita de cortesía, cálmese comandante, nadie le está acusando. De hecho vengo solo, no le estoy investigando, sólo quiero charlar.
- ¡Oh! Quiere charlar. Claro. Paqui cielo, trae dos vasos de chupito y deja aquí una botella de whisky. Si aquí mi amigo no está de servicio, podrá beber
• Por supuesto. Invito yo, claro
- Nada de eso, yo soy su anfitrión

Frené con la mano izquierda, a tientas, su intento de sacar la tarjeta de identificación con su balance de créditos. Pude sentir un arma de mano, deduje que era zurdo. Miró por encima del hombro, así que no estaba solo. Mal para mi.

• Verá comandante. Ese día robaron dos naves, una cañonera, que estaba para reparaciones y mantenimiento; y una Nave de Asalto Federal equipada para una misión diplomática. No sólo robaron la nave, también la información que había cargada en su sistema.

Paqui puso un vaso a cada uno. Le hice un ademán para que dejara la botella, y que no se preocupara, yo serviría los tragos. Pagué antes de servir, mientras mi compañero de barra seguía explicando.

• Hemos identificado a una tal Lucille, como posible autora del robo de la FAS. Se infiltró como guardia de seguridad y aprovechó la algarabía de la cañonera para meterse en la nave de asalto y salir tras la cañonera. Una vez salió de la estación dejó de disparar y cambió de rumbo.

Por eso pudimos sobrevivir. No fue suerte, fue que Lucille robó otra nave y el fuego federal se dispersó entre los dos objetivos. Hija de...

- ¿Y cree que tengo algo que ver con Lucille?
• ¿Lo tiene?
- Verás, podemos hacer esto de dos maneras. Pero primero brindemos.

Serví los tragos, brindamos y bebimos. Al vaciar los vasos golpeamos la mesa. Giré la cabeza y lo miré detenidamente. Aún sentía el calor del licor al exhalar una bocanada de aire. Miraba el fondo del pequeño vaso posado en la mesa. Yo, presa de mi instinto agarré su nuca y empujé su cabeza hasta que su frente golpeó la barra. El sonido fue orgánico y seco. El inspector se incorporó como si hubiera golpeado un resorte, y tras inhalar aire gritó de dolor e impotencia. La Paqui lo evitó con la mirada volteando la cabeza al ver el pequeño vaso de una onza incrustado en su cuenca ocular y el ojo del desdichado incrustado en inflado a punto de explotar.
• OOHHHH. Dioooss

Se quejaba y gimoteaba. Yo sentía la adrenalina recorrerme todo el cuerpo. Me levanté y agarré una silla camino a la puerta. En cuanto entró el primero se la lanzé antes de que pudiera disparar. Eso me dio tiempo de acercarme, sostuve su arma y disparé con ella a… al aire. Supuse que tendría dos guardaespaldas, pero al parecer era cierto lo que decía. Era invetigador y había venido en visita extraoficial. El desgraciado al que golpeé la nuez y dejé en el suelo luchando por una bocanada de aire era su compañero.

El trajeado investigador daba vueltas por el local gritando, gimiendo y pidiendo por favor que no nosequé. No hice mucho caso.

- Paqui. ¿Cuanto cuesta mi cabeza ahora?
+ Pues casi 10.000 Cr. Te has lucido. – Dijo ella en forma de reprimenda -

Lo agarré por la corbata para que dejara de dar vueltas, pero trastabilló y cayó al suelo. Intentó sacar su arma, pero se la aparte de una patada. Lo cogí del pelo y lo arrastré a la calle apretando los dientes furioso. Por el camino de dí otra patada a su compañero, que empezaba a recuperar el aliento.

- Como decía, podemos hacer esto de dos maneras. Una, me dejáis en paz y yo paso de vosotros. La otra, es que sigáis tocándome los coj**es y yo me dedique a cazar uno por uno a todos los federatas que pueda en los lugares donde sepa que son más vulnerables.

Lo dejé tirado en el suelo y me volví al hangar, pero antes fui por la botella que había pagado. He tragado la suficiente mie**a en mi vida como para saber cuando hay que portarse bien y cuando enseñar los dientes. No es que fuera momento de enseñar los dientes, pero me lo pedía el cuerpo, y a veces es mejor hacer lo que el cuerpo te pide. Equipé a la cañonera con un escaner de estela y un interdictor para salir a jugar. Tuve que esperar media hora más a ver salir la nave de mi nuevo “amigo”, escaneé su estela y fui a buscarlo. No hay mucho que añadir. La nave de descenso no era rival para mi bestia pesada.

- Te voy a llamar “Despertador”.

Me resigné al ver las fuerzas federales rodeándome, pero arrastré a los que pude.

Unas horas más tarde estaba en el centro de detención. Había pagado el seguro, las multas, y ya estaba reclamando la botella de whisky que había conmigo en la cápsula de escape.
Me subí a mi nueva cañonera. Miré la trampilla que daba al hangar de cazas, no tenía las marcas del cañón del fusil que Walker puso para que no se abriera el día del robo. Me paseé por la cabina, dándole tragos a la botella y revisando cada recoveco.

• ¡Tiene permiso para salir Comandante!

Dijo la voz del controlador del espacio aéreo. Aseguré la botella bajo el asiento y despegué.

- Tú serás “Navarone”

Dije en voz alta antes de despegar. Una vez en el espacio llamé a Lucille...


Tras una temporada lejos del procesador de textos, y de Elite, ya estoy de vuelta. La historia no iba a ser tan cruda, pero tenía que sacar bilis
Por cierto, si me cargué a un federata (NPC), pero me pagaron muuuuuuuy bien
 
Last edited:
Violencia y más violencia, a traición, por la espalda, acechando... sigues igual, con una enfermiza cuasi-psicopatía. No entiendo como los Federatas no te han dado un buen escarmiento... supongo que habrás sobornado a algún juez... con la Federación siempre es la historia, algún día se terminará ahogando es sus propios vómitos de corrupción y prevaricación.

Aunque por otro lado tu estilo es más de amenazar con hacer alguna barbaridad de las tuyas a la familia de algún endeble juez.

En fin, compadezco a tu próxima victima inocente aunque ¿quien es totalmente inocente en nuestro universo lleno de injusticias, dolor y violencia?

¡Me alegro mucho de tu vuelta! y veo que sigues con la pluma (o tecla) tan afinada como antes, escribes genial, me da mucha envidia sana tu capacidad de contar historias, jeje

Lo único que me rechina un poco es lo de que te pillaran los Federales y te dejaran libre pagando una ridícula multa; se supone que les has robado una nave muy valiosa, y encima has herido de gravedad a uno de sus inspectores. Y lo del seguro de recompra para conseguir una nave nuevecita después de que te destruyeran la otra también me parece un poco forzado.

Supongo que en el juego las cosas deben funcionar así para que nos sea fácil recuperarnos después de que nos capturen o nos destruyan la nave... pero suena poco creíble... aunque quien sabe cómo serán las leyes en el futuro, jeje
 
Fué una semana muy dura. Sobre todo para el médico de urgencias de la estación :D
¿Y qué es eso de cuasi-psicopatía? Lo de cuasi sobraba...
En realidad no soy tan violento, ni tan psicópata. No voy por ahí cazando otros comandantes por diversión, eso no da beneficios. Al menos no todavía.

Muchas gracias compañero, cómo me digas esas cosas me voy a poner colorado :p . En teoría no saben que yo robé la nave, así que no pueden acusarme directamente. Y toda forma de vincularme, ya sea por la nave o por el propio inspector, se desintegró con la propia nave. Es un poco forzado, si, pero es por el seguro al que tienes derecho por ser un comandante freelance miembro de la Federación de pilotos al pagar la licencia de piloto (que es pagar el juego básicamente). El resto son pilotos contratados por tal o cual corporación con sus rutas y sus cosas y sus naves de empresa, nosotros somos libres. Y por ser un comandate freelance y haber pagado tu licencia (que ahora esta de oferta en Steam jeje), la federacion de pilotos da acceso a un seguro para "recuperar" la nave perdida por valor del 10 % (creo), del valor de la nave con sus modulos y todo. Resumiendo, me quito de encima la nave "marcada" (en realidad me patearon el culo por hacer lo que no debía, como siempre). Y te animo a que escribas y le des caña al cuaderno de bitácora. Que desarrolles tu estilo propio, que escribas para ti, porque al hacerlo mucho y muchas veces mejorarás. Porque leyendo aprendes, pero practicándolo también. Yo voy a copiar de Maya eso de poner las lineas de diálogo de colores, pero me da pereza tanto editar. Que escribo en word y luego al pasarlo al foro hay que editar algunas cosillas. Pero Ánimo y dale caña
 
Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey
Año 3304. Día: lo ignoro. Mes: Lo ignoro

Hay una taberna famosa en Rush Enterprice, La Taberna de Koki, en el sistema Agarda. Ir a un lugar famoso tiene ese hándicap, es difícil pasar desapercibido.
Estaba sentado en la Taberna de Koki, a un par de tragos de pillar una buena cogorza. Cuando las puertas de abrieron y se hizo el silencio, como si hubiera entrado el mismísimo diablo en persona. Sonaron pasos firmes y seguros, como si hubieran entrado 3 o 6 personas, el alcohol hacía ya efecto en mí y no podía determinarlo bien. Bueno eso y que me daba una pereza tremenda girarme. Uno de esos tipos se sentó en un taburete a mi lado y pude sentir como si hubiera atravesado toda la maldita galaxia durante el trayecto desde la puerta de la taberna a la barra del bar. Con una voz grave y reseca le dijo al tabernero:

- Un chupito de whisky para mi. Y otro para mi nuevo amigo.

Dijo señalándome con el dedo. Los parroquianos susurraban mientras yo giraba mi taburete para mirar a mi nuevo benefactor y de repente mi cabeza golpeó la barra. La cabeza me dio vueltas unos segundos, fruto del golpe y de la bebida. Un tipo grandote a mi espalda fue el responsable, había entrado con el otro, pero estaba demasiado cansado y borracho como para organizar mis ideas. Mi agresor me sujeto por los hombros para evitar que cayera del taburete desequilibrado. Entonces pude verle la cara al tipo sentado a mi lado, mientras la jaqueca me dejaba enfocar la vista. Un traje tipo casual, del corte que suelen usar los agentes de seguridad federal, incluso del mismo color, acompañados por una corbata a juego que contrastaba con la camisa amarilla.

- Oshtia tuuuu, el federata... Como era tu nombre…
- ¡Oh! Te acuerdas de mi. Que bonito. Mi ojo también.

Era el agente federal que investigaba el robo de la Nave de Asalto Federal y de la Cañonera. Cuando me visitó en yoruba le encaje un vaso de chupito en una de las cuencas oculares. Al enfocar la vista tras el golpe, pude ver un ojo cibernético donde debería tener el ojo derecho. El truco de encajar el ojo en el vaso le pasó factura. Siempre lo hace.

- Cómo brilla. Mola tu ojo nuevo. Ahora esshtamos a juego.

Me dio un puñetazo, se había ofendido. Mis gafas de sol saltaron alejándose de la barra mientas un tercer agente federal sacaba una placa e indicaba a todo el bar que era un asunto de seguridad. Que si yo era un terrorista y tonterías parecidas. La verdad es que todo eso era una venganza personal. Un sabio dijo una vez, que quien se embarca en un viaje de venganza debe cavar dos tumbas; una para su enemigo y otra para sí mismo. Si había contado bien tendría que cavar 4 tumbas, si jugaba bien mis cartas no las cavaría yo, y con un poco de suerte ninguna de esas tumbas sería para mí.

- Escúchame escoria humana te he estado persiguiendo por…

Se quedó enmudecido mirándome el ojo cibernético al darse cuenta que yo también tenía uno.

-Qué pasha. Porqué te callas hooombre. Si me estabas soltando un discurso muy bonito – se fijó en mi ojo protésico- ¡Ah! Ya sé, te has fijado en que me acabo de arreglar el bigote. – Traté de vocalizar a partir de aquí lo mejor que pude, para dar a entender que me hacía el borracho –. Es eso o te has dado cuenta que el truquito del ojo en el vaso lo aprendí por las malas.

Me golpeó el estómago mientras su gorila me sujetaba. Cuando me incliné dejé caer todo mi peso hacia delante, pude desequilibrar al grandote, y aguantándome el dolor pude hacer algo de fuerza para rotar en lugar de caer de cabeza, lo que me permitió caer de espaldas sobre el pecho del gorila.
Aún estando los dos tumbados en el suelo, aquel grandullón no me soltaba. Levante la cabeza y la bajé para golpearle la nariz, eso me daría unos segundos que invertí en ponerme en pie, pero la bebida me hizo trastabillar y caí sobre el agente federal. Fue hábil y pudo evitarme, dejando que me chocara contra la barra.
Escuché como amartillaban un arma y pude sentir el gélido aliento de la muerte susurrándome en la nuca algo sobre mis pecados. Alargué el brazo tratando de agarrar mi vaso y echar un último trago. Con la yema de los dedos no pude si no rascar en cristal hasta que volqué lo que quedaba de whisky sobre la barra. Bufé resignado, alcé la mano pidiendo paz y miré con el rabillo del ojo:

- Oye, dame una última voluntad. Has entrado prometiéndome un trago de whisky.

Al girar un poco más la cabeza, pude ver la escena. El tuerto me encañonaba, pero no me miraba a mi, miraba al tabernero, que fusil en mano lo encañonaba como si fuera una estatua, rígido e imparcial.

- Este hombre ha entrado limpio en la estación. No tiene multas ni se le busca por nada. Cualquier venganza personal no tiene cabida aquí
- Joder, gracias Bill. Eresh un amigo de verdad. Ponme un trago anda, que invita el caballero.
- Las peleas y las rencillas las solucionáis fuera de mi taberna.
Lo miré serio y extrañado. “No me llamo Bill” me respondió mirándome de reojo. El Agente enseñó las palmas de las manos y guardó su arma, dando indicaciones para que me sacaran fuera.

- Ya hablaremos tú y yo luego

Dije con la mirada perdida mientras los dos agentes me sacaban del bar.

- Después de encargarme de ti, me ocuparé de esa zorrita tuya. La geóloga de la alianza. ¿Cómo se llama? – preguntó con sorna el tuerto-.

En el transcurso de esa frase, uno de los dos pisó mis gafas de sol. Oir el crujido del cristal tintado mientras oía esa amenaza hizo que se me quebrara el alma en mil pedazos. Pataleé, maldecí, gruñí, grité, amenacé con toda mi rabia, me desaté como un demonio, pero nada de eso sirvió; estaba en inferioridad numérica y de fuerza bruta. No pude si no sacarme toda esa rabia con una última amenaza gutural sacado de lo más oscuro de mi alma. Me lanzaron al suelo una vez fuera del local. Me quedé tumbado bocarriba.

- ¿Unas últimas palabras?
- Salta salta, conejito de Jaspe rojo.

Dije mientas miraba a la muerte a la cara. Se oyeron dos ráfagas de fusil automático, se me cortó la respiración un segundo. Dos cuerpos se desplomaron y retumbaron en el suelo. Los dos agentes de apoyo habían caído.

- Tira el arma o te dejo a ti también sin huevos.

Walker se había hecho derogar con su intervención. Al levantar la cabeza pude verlo impertérrito, con la eficiencia que le caracteriza, un mercenario traicionero, pero capaz y letal. No tendría que haber esperado tanto, debería haber evitado toda la pelea, pero prefirió quedarse escondido en el baño, era su forma de vengarse por haberle dejado sin trabajo. Aunque esa es otra historia.

- Cárgatelos ya mamón. Yo te pago las multas.
- A estos sí. Pero este es tuyo.

Mató a los otros dos sin mediar palabra y alejó el arma del agente federal al mando. Su intención era hacerme pelear a muerte con este tipo para acabar esta historia de rencillas personales.

- No seas capullo. Los agentes de seguridad no tardarán en llegar.
- Pues date prisa. – sentenció impávido -

El agente federal me miró, y por la cara pálida sabía que aquello no iba a terminar bien para él. Intentó comprar su vida con súplicas, pero ese llanto era combustible para mí después de haber amenazado de esa manera a mi pareja. Me miró a los ojos mientras me incorporaba lentamente. Le dejé ver el rincón más oscuro y depravado de mis pensamientos. Una vez en pie me fui hacia él embistiendo con rabia sin que él hiciera siquiera amago de evitarme. Caímos los dos al suelo, y tras darle unos puñetazos para que se fuera dando cuenta de que llorar no iba a cambiar el resultado, saqué uno de los cartuchos de mi escopeta y se lo clavé en el ojo que le quedaba sano. Mientras aullaba de dolor, rebusqué entre su chaqueta hasta que di con su placa. La usé como martillo para disparar el cartucho. Fin de la historia. Los restos de hueso y sesos se desparramaron por el suelo y me salpicaron la cara. Me tumbé en el suelo a su lado, derrotado, cansado, manchado de sangre y vísceras y un poco borracho.

- ¿Ya eshtamosh en paz? – le dije a Walker -
- Si, ya estamos en paz. Anda vámonos, hay multas que pagar.

Me tendió la mano para ayudarme a levantarme. Negué con la mano.

- Vete tú. Yo voy a apeshugar con esto.

Las fuerzas de seguridad no tardaron ni cinco minutos en llegar. Encontraron la escena y me hicieron mil preguntas; a mí y a todos en la taberna de Koki. Según entendí, aquel fulano había sido expulsado del cuerpo de agentes de seguridad federal debido a su enfermiza obsesión conmigo y con Lucille, así que infringió varias normas y estaba buscado en varios sistemas. Su compañero si era aún agente federal, pero no el grandullón que era un mercenario como Walker, y al igual que él estaba en busca y captura. Bueno, lo seguiría si no se hubiera entregado, así que lo que gané cazando a los piratas que lo habían contratado, se me fue en pagar sus multas, se lo debía

- Entonces queda anulado el salto del conejito.

La transcripción de las palabras de Lucille se dejó ver en mi ojo cibernético. Asentí con la cabeza para anular la alerta. “Salta salta, conejito de jaspe rojo” era un comando de voz para sincronizar mi ojo con Lucille, así podría ver todo lo que yo veo. Una vez confirmada esa alerta por ser capturado, la muerte o algo peor, ella se haría cargo de legar todos mis bienes a mi pareja, y de protegerla de posibles represalias. Al ver que se había solucionado todo bien, anuló la alerta.
Walker y yo entramos de nuevo en la Taberna de Koki, tras arreglar todo el papeleo con las fuerzas de seguridad. Ya casi se me había pasado el efecto de la bebida, así que era momento de comer algo.
Aunque primero debía hacer una llamada personal.
 
Last edited:
Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey
Año 3033. Día: lo ignoro. Mes: Lo ignoro

Hay una taberna famosa en Rush Enterprice, La Taberna de Koki, en el sistema Agarda. Ir a un lugar famoso tiene ese hándicap, es difícil pasar desapercibido.
Estaba sentado en la Taberna de Koki, a un par de tragos de pillar una buena cogorza. Cuando las puertas de abrieron y se hizo el silencio, como si hubiera entrado el mismísimo diablo en persona. Sonaron pasos firmes y seguros, como si hubieran entrado 3 o 6 personas, el alcohol hacía ya efecto en mí y no podía determinarlo bien. Bueno eso y que me daba una pereza tremenda girarme. Uno de esos tipos se sentó en un taburete a mi lado y pude sentir como si hubiera atravesado toda la maldita galaxia durante el trayecto desde la puerta de la taberna a la barra del bar. Con una voz grave y reseca le dijo al tabernero:

- Un chupito de whisky para mi. Y otro para mi nuevo amigo.

Dijo señalándome con el dedo. Los parroquianos susurraban mientras yo giraba mi taburete para mirar a mi nuevo benefactor y de repente mi cabeza golpeó la barra. La cabeza me dio vueltas unos segundos, fruto del golpe y de la bebida. Un tipo grandote a mi espalda fue el responsable, había entrado con el otro, pero estaba demasiado cansado y borracho como para organizar mis ideas. Mi agresor me sujeto por los hombros para evitar que cayera del taburete desequilibrado. Entonces pude verle la cara al tipo sentado a mi lado, mientras la jaqueca me dejaba enfocar la vista. Un traje tipo casual, del corte que suelen usar los agentes de seguridad federal, incluso del mismo color, acompañados por una corbata a juego que contrastaba con la camisa amarilla.

- Oshtia tuuuu, el federata... Como era tu nombre…
- ¡Oh! Te acuerdas de mi. Que bonito. Mi ojo también.

Era el agente federal que investigaba el robo de la Nave de Asalto Federal y de la Cañonera. Cuando me visitó en yoruba le encaje un vaso de chupito en una de las cuencas oculares. Al enfocar la vista tras el golpe, pude ver un ojo cibernético donde debería tener el ojo derecho. El truco de encajar el ojo en el vaso le pasó factura. Siempre lo hace.

- Cómo brilla. Mola tu ojo nuevo. Ahora esshtamos a juego.

Me dio un puñetazo, se había ofendido. Mis gafas de sol saltaron alejándose de la barra mientas un tercer agente federal sacaba una placa e indicaba a todo el bar que era un asunto de seguridad. Que si yo era un terrorista y tonterías parecidas. La verdad es que todo eso era una venganza personal. Un sabio dijo una vez, que quien se embarca en un viaje de venganza debe cavar dos tumbas; una para su enemigo y otra para sí mismo. Si había contado bien tendría que cavar 4 tumbas, si jugaba bien mis cartas no las cavaría yo, y con un poco de suerte ninguna de esas tumbas sería para mí.

- Escúchame escoria humana te he estado persiguiendo por…

Se quedó enmudecido mirándome el ojo cibernético al darse cuenta que yo también tenía uno.

-Qué pasha. Porqué te callas hooombre. Si me estabas soltando un discurso muy bonito – se fijó en mi ojo protésico- ¡Ah! Ya sé, te has fijado en que me acabo de arreglar el bigote. – Traté de vocalizar a partir de aquí lo mejor que pude, para dar a entender que me hacía el borracho –. Es eso o te has dado cuenta que el truquito del ojo en el vaso lo aprendí por las malas.

Me golpeó el estómago mientras su gorila me sujetaba. Cuando me incliné dejé caer todo mi peso hacia delante, pude desequilibrar al grandote, y aguantándome el dolor pude hacer algo de fuerza para rotar en lugar de caer de cabeza, lo que me permitió caer de espaldas sobre el pecho del gorila.
Aún estando los dos tumbados en el suelo, aquel grandullón no me soltaba. Levante la cabeza y la bajé para golpearle la nariz, eso me daría unos segundos que invertí en ponerme en pie, pero la bebida me hizo trastabillar y caí sobre el agente federal. Fue hábil y pudo evitarme, dejando que me chocara contra la barra.
Escuché como amartillaban un arma y pude sentir el gélido aliento de la muerte susurrándome en la nuca algo sobre mis pecados. Alargué el brazo tratando de agarrar mi vaso y echar un último trago. Con la yema de los dedos no pude si no rascar en cristal hasta que volqué lo que quedaba de whisky sobre la barra. Bufé resignado, alcé la mano pidiendo paz y miré con el rabillo del ojo:

- Oye, dame una última voluntad. Has entrado prometiéndome un trago de whisky.

Al girar un poco más la cabeza, pude ver la escena. El tuerto me encañonaba, pero no me miraba a mi, miraba al tabernero, que fusil en mano lo encañonaba como si fuera una estatua, rígido e imparcial.

- Este hombre ha entrado limpio en la estación. No tiene multas ni se le busca por nada. Cualquier venganza personal no tiene cabida aquí
- Joder, gracias Bill. Eresh un amigo de verdad. Ponme un trago anda, que invita el caballero.
- Las peleas y las rencillas las solucionáis fuera de mi taberna.
Lo miré serio y extrañado. “No me llamo Bill” me respondió mirándome de reojo. El Agente enseñó las palmas de las manos y guardó su arma, dando indicaciones para que me sacaran fuera.

- Ya hablaremos tú y yo luego

Dije con la mirada perdida mientras los dos agentes me sacaban del bar.

- Después de encargarme de ti, me ocuparé de esa zorrita tuya. La geóloga de la alianza. ¿Cómo se llama? – preguntó con sorna el tuerto-.

En el transcurso de esa frase, uno de los dos pisó mis gafas de sol. Oir el crujido del cristal tintado mientras oía esa amenaza hizo que se me quebrara el alma en mil pedazos. Pataleé, maldecí, gruñí, grité, amenacé con toda mi rabia, me desaté como un demonio, pero nada de eso sirvió; estaba en inferioridad numérica y de fuerza bruta. No pude si no sacarme toda esa rabia con una última amenaza gutural sacado de lo más oscuro de mi alma. Me lanzaron al suelo una vez fuera del local. Me quedé tumbado bocarriba.

- ¿Unas últimas palabras?
- Salta salta, conejito de Jaspe rojo.

Dije mientas miraba a la muerte a la cara. Se oyeron dos ráfagas de fusil automático, se me cortó la respiración un segundo. Dos cuerpos se desplomaron y retumbaron en el suelo. Los dos agentes de apoyo habían caído.

- Tira el arma o te dejo a ti también sin huevos.

Walker se había hecho derogar con su intervención. Al levantar la cabeza pude verlo impertérrito, con la eficiencia que le caracteriza, un mercenario traicionero, pero capaz y letal. No tendría que haber esperado tanto, debería haber evitado toda la pelea, pero prefirió quedarse escondido en el baño, era su forma de vengarse por haberle dejado sin trabajo. Aunque esa es otra historia.

- Cárgatelos ya mamón. Yo te pago las multas.
- A estos sí. Pero este es tuyo.

Mató a los otros dos sin mediar palabra y alejó el arma del agente federal al mando. Su intención era hacerme pelear a muerte con este tipo para acabar esta historia de rencillas personales.

- No seas capullo. Los agentes de seguridad no tardarán en llegar.
- Pues date prisa. – sentenció impávido -

El agente federal me miró, y por la cara pálida sabía que aquello no iba a terminar bien para él. Intentó comprar su vida con súplicas, pero ese llanto era combustible para mí después de haber amenazado de esa manera a mi pareja. Me miró a los ojos mientras me incorporaba lentamente. Le dejé ver el rincón más oscuro y depravado de mis pensamientos. Una vez en pie me fui hacia él embistiendo con rabia sin que él hiciera siquiera amago de evitarme. Caímos los dos al suelo, y tras darle unos puñetazos para que se fuera dando cuenta de que llorar no iba a cambiar el resultado, saqué uno de los cartuchos de mi escopeta y se lo clavé en el ojo que le quedaba sano. Mientras aullaba de dolor, rebusqué entre su chaqueta hasta que di con su placa. La usé como martillo para disparar el cartucho. Fin de la historia. Los restos de hueso y sesos se desparramaron por el suelo y me salpicaron la cara. Me tumbé en el suelo a su lado, derrotado, cansado, manchado de sangre y vísceras y un poco borracho.

- ¿Ya eshtamosh en paz? – le dije a Walker -
- Si, ya estamos en paz. Anda vámonos, hay multas que pagar.

Me tendió la mano para ayudarme a levantarme. Negué con la mano.

- Vete tú. Yo voy a apeshugar con esto.

Las fuerzas de seguridad no tardaron ni cinco minutos en llegar. Encontraron la escena y me hicieron mil preguntas; a mí y a todos en la taberna de Koki. Según entendí, aquel fulano había sido expulsado del cuerpo de agentes de seguridad federal debido a su enfermiza obsesión conmigo y con Lucille, así que infringió varias normas y estaba buscado en varios sistemas. Su compañero si era aún agente federal, pero no el grandullón que era un mercenario como Walker, y al igual que él estaba en busca y captura. Bueno, lo seguiría si no se hubiera entregado, así que lo que gané cazando a los piratas que lo habían contratado, se me fue en pagar sus multas, se lo debía

- Entonces queda anulado el salto del conejito.

La transcripción de las palabras de Lucille se dejó ver en mi ojo cibernético. Asentí con la cabeza para anular la alerta. “Salta salta, conejito de jaspe rojo” era un comando de voz para sincronizar mi ojo con Lucille, así podría ver todo lo que yo veo. Una vez confirmada esa alerta por ser capturado, la muerte o algo peor, ella se haría cargo de legar todos mis bienes a mi pareja, y de protegerla de posibles represalias. Al ver que se había solucionado todo bien, anuló la alerta.
Walker y yo entramos de nuevo en la Taberna de Koki, tras arreglar todo el papeleo con las fuerzas de seguridad. Ya casi se me había pasado el efecto de la bebida, así que era momento de comer algo.
Aunque primero debía hacer una llamada personal.
24 horas después del incidente los equipos de mantenimiento se encontraban en la taberna de koki, haciendo labores de limpieza y un letrero holografico en letras fluorescentes parpadeaba "lo sentimos abriremos muy pronto", Quatum Rick se abrió paso entre el equipo de robots y abrió la puerta, al momento que pudo ver al tabernero dando instrucciones a un par de robots,
-Que demonios ha pasado aquí?- pregunto Rick en voz alta
-se armo tremendo relajo anoche, y estuvo pesada la situación - exclamo el tabernero
-parece como si una supernova, hubiese explotado acá- replico Quatum al momento se sentaba en una butaca
-Ah típico enredos de comandantes, mercenarios y venganzas, nada que no hubiéramos vistos antes- dijo el tabernero al momento que agarro una botella de brandy laviano.
-supongo que ese tipo de publicidad, sera mala para el negocio-
-jajaja, no por el contrario, eso atraerá a mas comandantes, mercenarios, forigados, fuerzas de seguridad, espías, dobles agentes y turistas-
-Mmmmm, turistas, eso me gusta sobre todo si son guapas y bellas muchachas, jajaja...- remato rick con una sórdida carcajada.
 
Muy bueno. El ambiente, todo.

Mientras tanto dos laboriosos robotijos de limpieza, acababan de borrar los restos de sangre y seso frente a la puerta del local.

 
Muy bueno. El ambiente, todo.

Mientras tanto dos laboriosos robotijos de limpieza, acababan de borrar los restos de sangre y seso frente a la puerta del local.
interior de la taberna de koki, horas mas tardes del incidente, un equipo de robots de mantenimiento, se hacen cargo de reparar el lugar, al momento uno sostenia un trozo de madera y se gira hacia su compañero y expresa:
Robot de mantenimiento A1 - y si ponemos plástico en vez de madera?-
Robot de mantenimiento A2 - seria mas fácil, pero los humanos con caprichosos e insisten en poner madera, supongo que simpatizan con el concepto de muerte y putrefacción de la materia orgánica..-

y si entre todos armamos una novela?, seria interesante, pero la verdad me hace feliz el hecho de colaborar con otros escritores, por que cada uno tiene su punto de vista diferente basado en sus sentimientos y experiencias, en mi caso soy fanático de asimov, y el universo tanto de robots como de la saga de fundación, eso y la experiencia de ser un líder, como medico de ambulancia durante 5 años, era el comandante de la tripulación, bajo mi mando tenia un piloto y 2 paramedicos, así que me toco tomar decisiones de vida o muerte, por eso ser un líder o estar al mando no es fácil, pero eso marca a tus personajes y tus historias, de mi parte estoy dispuesto a colaborar con todos ustedes, felices fiestas ;)
 
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