Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey

Cuaderno de bitácora, comandante Niberobey.

Día: borroso. Mes: creo que sigue siendo enero. Año 3305


El bar de la Paqui lucía como siempre, pero a esa hora apenas había parroquianos en la barra o repartidos por el local. Yo me había acomodado en una mesa apartada; bebiendo sin prisa pero con ganas de bronca. Las chicas lucían más sensuales que de costumbre, y los chicos tambien.

  • Le relleno la copa señor.

El muchacho parecía joven, no más de 20 años. Cuerpo esculpido por un estilo de vida basado en el ejercicio y el trabajo. Aburrido y simple, al menos a mi parecer. Asentí con la cabeza:

  • Y que está bebiendo el señor.
  • Whisky. Escoces, nada de maric*nadas. Sin hielo, el vacío ya es bastante frío.
  • Alguno en especial.
  • Ahora que lo dices chaval, un single malt. Las mejores resacas te las da un whisky de malta puro.
  • Como desee.

Su sonrisa perfecta y sus nalgas al aire me daban entre repelús y cierta envidia. La perfecta juventud frente a la imperfecta experiencia; qué no daría yo por volver a tener esa edad y volver a cometer los mismo errores.

  • Vaya, no sabía que tus gustos habían cambiado.

En mi introspectiva, Lucille se había colado en mi mesa. Me había girado a mirarle el culo al muchacho y ella había aprovechado para sentarse e incordiarme.

  • Hola hermanastra. A qué debo el honor de tu visita.
  • Por favor, somos hermanos. Menos cordialidad.
  • Hermanastros.
  • ¿No vas a olvidar ese desliz de papá?, ¡qué rencoroso! - dijo con sorna al tiempo que alzaba la mano para ordenar otro vaso para ella al ver como preparaban mi bebida en la barra-.
  • No me he criado contigo, y hasta hace poco creía que eras una benefactora que me ayudaba por capricho. No me entiendas mal, te agradezco la ayuda para pagarme la licencia de comandante, pero ¿Dónde has estado hasta ahora?
  • Tocandome el c*ñ* a dos manos...
  • Vale, ahora si me queda claro que somos hermanos.

Una joven de pechos turgentes y cuyos pezones estaban ocultos por pezoneras con flecos sirvió las bebidas. Cuando estaba por marcharse, Lucille la agarró del brazo suavemente y le sugirió que dejara la botella, que ella cubriría con los gastos. Ella asintió y me miró de reojo sonriente al pillar mi mirada nada discreta concentrarse en el bamboleo de sus pechos a cada mínimo movimiento. Mi hermanastra sonreía pícara mientras azotaba las nalgas de la muchacha. La Paqui miraba inquisidora desde detrás de la barra entornando la mirada esperando a que hiciera un gesto para hacerle entender que yo correría con esos gastos en caso de ser necesario.
  • ¿Quieres un baile machote o te ves centrado para hablar de negocios?

La pregunta parecía más una burla que una duda; al menos para alguien que parecía controlar mi vida. Fué entonces cuando la miré a los ojos y vi que tenía un ojo biónico igual que yo. Di un sorbo de mi copa y le espeté:
  • Sólo vengo aquí después de bailar con ella. Así que dispara.
  • Presta atención hermanito, ¿qué tal te llevas con el imperio?

La pregunta me sobrevino por sorpresa. Sí, había hecho alguna entrega de esclavos imperiales, pero apenas había sido el grueso de mi economía.
  • Pues se que existen. No me digas que me quieres para un trabajo sucio...
  • Puede ser. Verás, hay una tal Duquesa Snow Sturm que se dedica al tráfico de esclavos y...
  • Vamos a ver – la frené dando un golpe en la mesa del que se hicieron eco todos los asistentes - ¿me estás diciendo que te preocupa el tráfico de esclavos? ¿Si yo mismo me he beneficiado de venderlos al mejor postor?
  • Vaaaale, démosle otro enfoque. No me caen bien los thargoides
  • Vamos no me j*das. ¿quien te cae bien? Así acabaríamos antes...
  • JÁ, JÁ muy gracioso.

Tomó un trago largo de la bebida, acabándosela de un trago. En lo que tardaba en servirse otro trago paladeaba mezclando el licor con saliba para suavizarlo. Yo entretanto saqué mi petaca llena de drambuie y antes de que pudiera verterlo en el vaso de mi hermanastra una de las chicas de La Paqui estaba allí sirviendo y mezclando el preciado licor. Dejó una pequeña hielera y una cuchara mezcladora. Yo sólo tenía ojos para esos cuerpos esbeltos y jóvenes. Los pechos bambolenates y generosos de aquella joven que parecía tener cada movimiento ensayado para tener el máximo de bamboleo de sus curvas en cada gesto me tenía hipnotizado. Lucille siguió su relato:

  • Como te decia, quiero que le hagas una visita a una comadante, con alineación imperial.
  • El imperio me la suda, igual que la federación. - respondí sin dejar de mirar aquella voluptuosa camarera -.
  • Pero llevas naves federales. Tu querida Mojito es una Vulture federal.
  • Las naves federales son eficaces, pero su facción me la trae al pairo.
  • Pero el imperio es algo por explorar. ¿Me equivoco?
  • ¿Qué quieres Lucille?
  • ¿Debo querer algo? ¿tan interesada me crees?



Su tono lastimero dió de bruces con mi mirada fria. Cogí la botella e hice amago de irme, pero ella me agarro de la muñeca para retenerme. Suspiré cansado y volví a sentarme. Dí un pequeño sorbo mientras ella relataba:
  • Comandante Snowsturm. Es Duquesa del imperio, se lo tiene un poco creído, pero está en contra de los thargoides.
  • Venga yaaaaaaaa. No me j*das. Que les den a los thargoides y a todos los que j*den con esa .
  • Sé que te j*dieron comandantes cuando tratabas de ayudar, pero no pierdas las esperanza en la humanidad. Sal de tu agujero y apoya en lo que puedas. Y si haces aliados por el camino, aún mejor.

Me planteé mis opciones y los últimos acontecimientos. Las dos últimas recompras del seguro no apoyaban su relato; máxime cuando me hallaba peleando por el bien de la humanidad.
  • Y que diferencia hay en hacerlo sólo que hacerlo con ese... duque Snownosequé?
  • Duquesa Snowsturm
  • Encima pomposa, con dos c*j*nes.
  • No te pido que seais amigos del alma. Prepara una nave, ve allí y haz lo que mejor sabes hacer.
  • Lo que mejor se hacer es beber.
  • Pues hazlo cuando no queden amenazas Thargoides.
  • ¿Sabes? Por un momento creí que querías que acabara con esa duquesa.
  • ¿Porqué? ¿Porque me cae mal? No soy idiota. Las amenazas hay que atacarlas una a una. Primero la escoria alienígena...
  • Y yo ¿qué saco de todo eso?

Su mirada se entornó y se enfocó bajo la mesa. Al seguir sus pupilas el reflejo acaramelado me deslumbró y no tuve más opción que decir que haría lo que pudiera.
 
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¡Mil disculpas de mi parte! Si pudiese dar más que un solo like por post lo haría. Muchísimas gracias por la mención. A ver si me desbloqueo y le doy un poco al rol de nuevo, que falta hace. Muchas, muchas gracias por la mención, ¡y muy buen trabajo!
 
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:D
Tranquilidad, no hay prisa por nada. Lo bueno de elite es que lo puedes llevar a tu ritmo. Y seguro que exageras, no es para tanto; la mayoría de las veces escribo deprisa y corriendo sin releer ni corregir. Pero si me apetece llevar el rol un poco más allá. Además tengo planeado sacar armas de facciones del imperio, asi que igual me paso por el imperio una temporadita jeje. Oye ¿cómo haces eso de poner las letras borrosas? mola"
 
:D
Tranquilidad, no hay prisa por nada. Lo bueno de elite es que lo puedes llevar a tu ritmo. Y seguro que exageras, no es para tanto; la mayoría de las veces escribo deprisa y corriendo sin releer ni corregir. Pero si me apetece llevar el rol un poco más allá. Además tengo planeado sacar armas de facciones del imperio, asi que igual me paso por el imperio una temporadita jeje. Oye ¿cómo haces eso de poner las letras borrosas? mola"

Por favor. Estoy aquí a mil con tu relato. Me encanta la aspereza de algunos contextos y me hace muchísima falta retomar un poco el rol. Me voy a actualizar de todas tus publicaciones antes de hacer una buena respuesta, porque la verdad quiero enterarme bien del contexto antes de darte una respuesta. Antes de que termine la semana me voy a proponer a responderte algo. Y, ¿lo borroso? Con el tag ISPOILER y cierras con /ISPOILER. Casi lo mismo que el regular, pero el regular me crea problemas a mí por alguna razón... ¡Un saludo!
 
Sector: Sanguineous Rim
Cuadrante: 340 : 562 : -1450
Sistema: HIP 36601
HIP 36601 C 5 A
-50.06°, 169.28°
Hora: 21:51:50 del 28 Mar 3306.
Cambio.


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El espacio exterior es... inmenso. Inmensurable y vasto. Es increíble pensar en cuanto, como raza, hemos descubierto; en la magnitud de las implicaciones de una raza sensible, ahora extinta, y en la gravedad del conocimiento de una raza consciente a la cual hemos castigado intencionalmente con un genocidio... No que me moleste mucho, claro. Jamás se han fastidiado en mediar encuentros pacíficos con la humanidad, fuera de sus hiperdicciones forzadas para estudiarnos como alimañas de pecera, así que con más satisfacción opino que podrían disfrutar plenamente de otro par de bombas de fisión como regalo a sus legendarias naves Mega Colmenas. Insoportables floripondios, gérmenes desagradables. Brr. Ya les había visto unas cuantas de veces muy, muy de cerca, y sobreviví para contarlo.

Un céfiro resoplaba a lo largo de la cabina de Stellar Compass, soplando amablemente sobre mis hombros. Me estremecí de repente.

–Air conditioner, off–, comandé para detener la brisa. Con un murmullo electrónico, el dispositivo pareció explayarse hasta agregar al silencio de la cabina.

El Mayor Frost no se encontraba a bordo. De hecho, hace bastante tiempo que no le veía. Hay bastante que he fallado en relatar en el trayecto de los últimos dos años, y esta es una de esas nimiedades. Descubrí que todo copiloto, fuera de adueñarse de un porcentaje de mis ganancias, volasen conmigo o no, el Código de la Federación de Pilotos instruye que un porcentaje del rango de combate otorgado a nivel galáctico por la misma Federación de Pilotos debe compartirse con cada miembro de la tripulación contratado. Bah. Qué porquería. Por supuesto, eso me tenía tan rezagada. Podrían introducirse sus estatutos por…


18.10°, 4.14°
Hora: 22:16:34 del 28 Mar 3306.
Cambio.


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Una de las razones por la cual vuelo sola ahora es por el silencio. No hay música, no hay noticias. Sólo disfruto el silencio. Me hace falta. Al menos me ha hecho falta durante las últimas semanas. O meses. Más bien meses.

Low gravity warning.

Ignoré la advertencia rutinaria, y luego de que la nave desenganchara el Escarabajo, di media vuelta y me dispuse a explorar un poco a cuatro llantas. Estaba en este satélite decrépito en la mitad de la nada, como de costumbre, en busca de unas formaciones cristalinas reportadas en esta zona que contenían materiales de alta rareza muy necesarios en los procesos de desarrollo e ingeniería avanzados para los módulos de naves espaciales. El problema de todo esto es que no había dónde comprarlos. Ninguno de estos materiales eran precisamente costosos, mas no es que hubiese un negocio específico que les minase o extrajese de la tierra, ya que su demanda era increíblemente baja; así que bien, la que quiere, busca, y la que busca, encuentra. Encima, la cantidad que requería era tan mínima que el picar trocillos de los cristales con láseres me era más que suficiente para el propósito que les tenía destinado.

–Al menos el terreno es más homogéneo y parejo aquí–, mascullé ausente. La verdad que el conducir en terreno abrupto era todo un dolor de cabeza, y más aún con baja gravedad. Fórmula rápida y segura para llenar una bolsa con lo que fuese que hubiese comido de almuerzo.

Incoming message.

Fruncí el ceño. –Otro imbécil del mercadeo de alguna facción que quiere mis servicios, seguro, ¡pero si estoy a más de mil setecientos años luz de…!–. Pausé, extrañada. –Comandante, ¿quién? ¿Ni-be-ro-bey? ¿Qué tipo de nombre es ese?–, negué con la cabeza, cruzándome de brazos luego de guiar el vehículo a una parada completa. –Es un mensaje bastante estándar… Reunirse conmigo, ¿eh? Será otro rarito… Vamos a ver–, negué de nuevo, guiada por mi mentón, y me retiré parte del flequillo del rostro al mirar la pantalla a mi diestra. –Computer, please conduct full queries on criminal history, wants, warrants, and personal identifiable records on Commander Niberobey–, ordené a mi terminal luego de introducir mis credenciales imperiales. Una populosa lista de fechas, cargos, jurisdicciones, y disposiciones de juicios efectuados in absentia inundó mi pantalla. Al mirar con detalle, no pude evitar una carcajada dentro del pequeño róver de plexiglás. Este vil personaje era bien conocido, y detestado, entre los federales, y buscado en varias de sus jurisdicciones, sin extradición. Así que, a menos que cada botín se cobrase individualmente en la soberanía de cada comarca de incumbencia específica, cosa que tomaría tiempo y gasolina, no sería de gran ganancia al cobrarse con pérdida con defecto frente a un representante de Factores Interestelares, lo cual explicaría por qué seguía vivo y merodeando.

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–Podría llegar a agradarme este sujeto–, musité, cerrando la ventana holográfica y le proseguí a atinarle cuatro tiros láser a otro cristal, quebrando una bifurcación delgada. Mentalmente fui rumiando qué responderle precisamente. –Delincuente, pero listo–, me sonreí divertida.

Cargo hold at maximum capacity.

Una vez de vuelta a la nave, róver recogido por los ganchos frontales y asegurado al interior del hangar de vehículo, me encontré sentada de vuelta en mi silla y abrí el panel de comunicaciones. El cursor pulsante me interrogaba para que le alimentase con palabras.

‘Saludos Comandante.

Me encantaría …’ Fruncí el ceño. No. Demasiado cursi.

‘¿Qué quieres, subnormal, o es que te encanta ir por ahí mandando mensajes como cupido forrado en plomo?’ No. Bueno. Tal vez.

Fruncí el ceño de nuevo y arrugué el labio, mostrando dientes de lateral.

–Detesto escribir mensajes–, musité descontenta y me desinflé en mi silla. Cerré los ojos por un instante y pensé en casa. Vance Station. Pensé en el amplio pastizal frente a mi cabaña, en los árboles, en el olor a pino y a roble. En los parques y en el vino en las horas de la tarde. Suspiré a gusto.

Parpadeé. –No suena mal–. Parpadeé de nuevo. –No suena nada mal–. Sonreí.

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Send.

–Listo, satisfactorio–, me alcé de hombros y arrugué los labios, encendiendo motores para despegue y trazando ruta hacia el siguiente sitio de extracción.

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Cuaderno de bitácora, Comandante Niberobey.

Día: 4... ó es 5? Mes: el que vas después de marzo Año: 3306

La reunión con la Duquesa fué “satisfactoria”. Me esperaba un grupo con trompetas anunciando su llegada y anunciando su nombre y título como si fuera un miembro de la nobleza en una corte medieval y resultó ser una freelance con ganas de reconocimiento. Fué un rato agradable pero la cosa se torció, al menos para mi. Tuve que dejarla con la palabra en la boca al final de la reunión por un problema insistente. No pararon de contactarme durante toda la reunión y al final no tuve más opción que dedicarle una despedida rápida y salir a toda prisa. Ya en el taxi de vuelta al hangar pude llamar a mi alimaña de suelo favorita:
  • Walker, espero que sea importante. Estab...
Disparos. Los fogonazos se oyeron a través del auricular, balas rebotando en superfícies de metal mientras los heridos y caídos aullaban con cada impacto.
  • Estoy jodido... ...pira... ...tacando... ...seguri...
  • Se corta la comunicación. Dame tu posición
  • ...conda... no tard...
Una explosión que casi me deja sordo fué lo último que pude escuchar. Lo siguiente fué ruido de radio. Al menos fué listo y pudo mandarme la localización antes de que se terminaran de j*der las comunicaciones.
No tarde en encontrar la señal y me aventuré esperando enfrentarme a lo que sea. Por suerte tenía la Vulture equipada con un hangar de carga pequeño, por si había supervivientes. Nada. Los daños de aquella anaconda parecían arañazos hechos por una criatura gargantuesca, como si una arpía sideral hubiera atacado aquella monstruosa nave. Esparcidos por sus cercanías había un reguero contenedores de cuero y trozos de la nave desperdigados caóticamente. Ni rastro de cápsulas de escape. Sólo podía esperar que los servicios de rescate hubieran sido muy raudos y no que nadie hubiera podido escapar. O peor, que los supervivientes hubieran sido capturados.
Los vapores del alcohol empezaban ya a hacer mella en mi juicio, así que todo lo que pude hacer fué volver a Mendez y contactar con los servicios de rescate.


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Que suerte tiene el mamón. Lo pudieron rescatar, lo cazaron en una cápsula de escape y estába vivito y coleando pero retenido por los cargos en su contra. Decidí hacerle una visita a CENSURADO y llevarle algo de comida caliente y una petaca con “vodka” frío. Dentro de la petaca por supuesto metí vodka frío y algunas ganzúas y pequeñas herramientas eléctricas debidamente aisladas del líquido para que no se estropearan y para que no hicieran ruido al agitarla en un control. Por último un comunicador de mano algo desfasado para que pudiera hablar con sus seres queridos. Tenía lo suficiente para escaparse si decidía hacerlo. Los responsables de seguridad revisaron todo lo que llevaba, y tuve suerte de que no encontraran nada raro, pero no dejaron que se llevara la petaca, podía beber durante la visita pero nada más. Llevaba mucha comida porque mi plan era comer con él en lo que duraba la visita.
  • Mira quien ha aparecido porfín.
  • Mira quien ha sobrevivido como buena alimaña.
Tomamos asiento, Walker alzó las manos para que le quitaran los grilletes. Los guardias me miraron y yo asentí con la cabeza.
  • Tiene un cargo contra él por agresión, Comandante. Es por su propia seguridad.
  • Lo sé, pero creo que no me hará nada, hace las cosas por negocio, y nadie le ha pagado por agredirme hoy.

Gruñendo abrió los grilletes de mi viejo compañero de trinchera, quien se acarició las muñecas antes de empezar a zamparse el puré con trozos de carne. Le ofrecí la petaca:


  • “Vodka sideral”. No podrás llevartela, así que deja un “último” trago.
  • Ajá – me sonrió, trozos de puré ensuciaban sus dientes – y que tal esa Duquesa, ¿está buena?
  • No llevas aquí ni un día y ya hablas como un preso. No lo sé, pero no es nuestro tipo.
  • Por lo menos habrá sacado algo en claro.
  • Algo, sí. - respondí absorto en mis cabilaciones recordando la conversación en aquel porche rodeado de verde -. Pero dime, ¿qué coj*nes ha pasao?
  • Piratas. Pero dentro de la nave. Verás, me contrataron como seguridad interna para un “contrabando” de material. Pero por lo visto había algunos infiltrados en el cargamento y la tripulación. Así que sacaron la nave de supercrucero y mientras unos nos entretenían otros sacaban el cargamento.
  • Pero la carga estaba fuera cuando llegué. Había cuero tirado por el espacio.
  • Es que esa no era la carga que querían. Y no me preguntes, yo tampoco lo sé. Pero aquí estoy. - Se encogió de hombros y dió un trago de vodka. Agachó un poco la cabeza y me susurró -. ¿Hacemos el rehén?
  • No, dejate de idioteces, nos van a volar el culo dentro de la estación. Ya he visto como volatilizan una nave dentro y ac*jona. Son cañonazos de laser precisos y potentes.
  • J*der. Echo de menos los viejos tiempos...
  • Yo también. Tenemos que volver a juntarnos y hacer una de las nuestras.


Me ofreció el licor pero me negué con la cabeza. Él se acabó el frasco con un par de tragos sin pestañear y me devolvió la pequeña petaca de metal que aún estaba fría.

  • Vienen a pagarme la fianza y a regañarme en casa. Pero es agradable saber que aún puedo contar contigo.
  • Es agradable que sigas vivo. Es complicado encontrar mercenarios de confianza. Te dejo acabarte el plato, que a mi también tienen que regañarme.
  • Oye, una cosa. He oído algo sobre una secta nueva.
  • ¿Otra?
  • Andate con ojo, ya sabes que los más peligrosos son los que no se pueden comprar.
  • Lo haré. Cuídate – le hice el saludo militar pero relajado, con dos dedos -.

Me guiñó un ojo y alzó la cuchara como si brindara por ello. La vuelta a Mendez se me hizo eterna. Hasta que pude volver a descansar entre sus brazos me pareció que había pasado un siglo. Ver a un compañero de fatigas sobrevivir de puro milagro te hace plantearte la vida. Al menos durante un par de días.

  • ¿Cómo ha ido el día cielo?
  • Bien. Ya sabes, misiones rutinarias de informes internos y cazar algún terrorista.
  • Y la reunión con la Imperial esa que te tenía tan nervioso.
  • Esa... bien.
  • No tiene tentaculos por brazos ni se ha afilado los dientes.
  • Jajajajaja. No, pero hubiera sido gracioso. La he invitado a visitar esta estación. ¿Y que tal tu día?
  • Ya sabes, actualizando datos de yacimientos y – me vió incorporarme y antes de que articulara palabra me espetó – Nooo, son datos confidenciales querido.
  • Vaaaaale.

Mañana será otro día rutinario. De entregar informes, cazar terroristas y volver vivo a casa

Primero pedir disculpas, tuve que desconectarme abruptamente por una emergencia doméstica, nada grave, y creo que no pude oír el final. Pero quedas invitada a Mendez Dock. Y he aprendido a meter las letras borrosas :D si es que para algunas cosas soy un dinosauiro
 
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¡No pasa nada! He quedado con todo el texto y lo publicaré eventualmente. Ahora mismo me he dedicado a corregir y actualizar mis publicaciones, que tengo dos años sin subir las cosas que debo así que me voy a invertir en eso. Igual tengo que digitar toda la conversación que tuvimos, porque me apetece hacerla su propia publicación, tiene bastante contenido. Y sobre lo de los Thargoides, ¿una Alliance Challenger para un poco de daño, o una T10 para servir de tanque? Me he propuesto a desbloquear las cosillas que me faltaban y ahora estoy arduamente trabajando en ingenieros. Yupi... Así que, ya me contarás y seguimos de ahí.
 
:eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek: que está todo recogido, no se porqué no se me había ocurrido. Pues puede quedar chulo plasmado en el foro, así que tomate alguna licencia para darle un toque apañado, y queda pendiente que me devuelvas la visita Para los thargoides estaba pensando entre la chieftain y la challenger, usa la que te la nave con la que te sientas más cómoda. A mi me queda darle a ingenieros pero de guardianes creo que ya lo tengo casi todo (menos los cazas)
 
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