Cuaderno de bitácora, CMDR Niberobey

Cuaderno de bitácora, comandante Niberobey.

Día: borroso. Mes: creo que sigue siendo enero. Año 3305


El bar de la Paqui lucía como siempre, pero a esa hora apenas había parroquianos en la barra o repartidos por el local. Yo me había acomodado en una mesa apartada; bebiendo sin prisa pero con ganas de bronca. Las chicas lucían más sensuales que de costumbre, y los chicos tambien.

  • Le relleno la copa señor.

El muchacho parecía joven, no más de 20 años. Cuerpo esculpido por un estilo de vida basado en el ejercicio y el trabajo. Aburrido y simple, al menos a mi parecer. Asentí con la cabeza:

  • Y que está bebiendo el señor.
  • Whisky. Escoces, nada de maric*nadas. Sin hielo, el vacío ya es bastante frío.
  • Alguno en especial.
  • Ahora que lo dices chaval, un single malt. Las mejores resacas te las da un whisky de malta puro.
  • Como desee.

Su sonrisa perfecta y sus nalgas al aire me daban entre repelús y cierta envidia. La perfecta juventud frente a la imperfecta experiencia; qué no daría yo por volver a tener esa edad y volver a cometer los mismo errores.

  • Vaya, no sabía que tus gustos habían cambiado.

En mi introspectiva, Lucille se había colado en mi mesa. Me había girado a mirarle el culo al muchacho y ella había aprovechado para sentarse e incordiarme.

  • Hola hermanastra. A qué debo el honor de tu visita.
  • Por favor, somos hermanos. Menos cordialidad.
  • Hermanastros.
  • ¿No vas a olvidar ese desliz de papá?, ¡qué rencoroso! - dijo con sorna al tiempo que alzaba la mano para ordenar otro vaso para ella al ver como preparaban mi bebida en la barra-.
  • No me he criado contigo, y hasta hace poco creía que eras una benefactora que me ayudaba por capricho. No me entiendas mal, te agradezco la ayuda para pagarme la licencia de comandante, pero ¿Dónde has estado hasta ahora?
  • Tocandome el c*ñ* a dos manos...
  • Vale, ahora si me queda claro que somos hermanos.

Una joven de pechos turgentes y cuyos pezones estaban ocultos por pezoneras con flecos sirvió las bebidas. Cuando estaba por marcharse, Lucille la agarró del brazo suavemente y le sugirió que dejara la botella, que ella cubriría con los gastos. Ella asintió y me miró de reojo sonriente al pillar mi mirada nada discreta concentrarse en el bamboleo de sus pechos a cada mínimo movimiento. Mi hermanastra sonreía pícara mientras azotaba las nalgas de la muchacha. La Paqui miraba inquisidora desde detrás de la barra entornando la mirada esperando a que hiciera un gesto para hacerle entender que yo correría con esos gastos en caso de ser necesario.
  • ¿Quieres un baile machote o te ves centrado para hablar de negocios?

La pregunta parecía más una burla que una duda; al menos para alguien que parecía controlar mi vida. Fué entonces cuando la miré a los ojos y vi que tenía un ojo biónico igual que yo. Di un sorbo de mi copa y le espeté:
  • Sólo vengo aquí después de bailar con ella. Así que dispara.
  • Presta atención hermanito, ¿qué tal te llevas con el imperio?

La pregunta me sobrevino por sorpresa. Sí, había hecho alguna entrega de esclavos imperiales, pero apenas había sido el grueso de mi economía.
  • Pues se que existen. No me digas que me quieres para un trabajo sucio...
  • Puede ser. Verás, hay una tal Duquesa Snow Sturm que se dedica al tráfico de esclavos y...
  • Vamos a ver – la frené dando un golpe en la mesa del que se hicieron eco todos los asistentes - ¿me estás diciendo que te preocupa el tráfico de esclavos? ¿Si yo mismo me he beneficiado de venderlos al mejor postor?
  • Vaaaale, démosle otro enfoque. No me caen bien los thargoides
  • Vamos no me j*das. ¿quien te cae bien? Así acabaríamos antes...
  • JÁ, JÁ muy gracioso.

Tomó un trago largo de la bebida, acabándosela de un trago. En lo que tardaba en servirse otro trago paladeaba mezclando el licor con saliba para suavizarlo. Yo entretanto saqué mi petaca llena de drambuie y antes de que pudiera verterlo en el vaso de mi hermanastra una de las chicas de La Paqui estaba allí sirviendo y mezclando el preciado licor. Dejó una pequeña hielera y una cuchara mezcladora. Yo sólo tenía ojos para esos cuerpos esbeltos y jóvenes. Los pechos bambolenates y generosos de aquella joven que parecía tener cada movimiento ensayado para tener el máximo de bamboleo de sus curvas en cada gesto me tenía hipnotizado. Lucille siguió su relato:

  • Como te decia, quiero que le hagas una visita a una comadante, con alineación imperial.
  • El imperio me la suda, igual que la federación. - respondí sin dejar de mirar aquella voluptuosa camarera -.
  • Pero llevas naves federales. Tu querida Mojito es una Vulture federal.
  • Las naves federales son eficaces, pero su facción me la trae al pairo.
  • Pero el imperio es algo por explorar. ¿Me equivoco?
  • ¿Qué quieres Lucille?
  • ¿Debo querer algo? ¿tan interesada me crees?



Su tono lastimero dió de bruces con mi mirada fria. Cogí la botella e hice amago de irme, pero ella me agarro de la muñeca para retenerme. Suspiré cansado y volví a sentarme. Dí un pequeño sorbo mientras ella relataba:
  • Comandante Snowsturm. Es Duquesa del imperio, se lo tiene un poco creído, pero está en contra de los thargoides.
  • Venga yaaaaaaaa. No me j*das. Que les den a los thargoides y a todos los que j*den con esa .
  • Sé que te j*dieron comandantes cuando tratabas de ayudar, pero no pierdas las esperanza en la humanidad. Sal de tu agujero y apoya en lo que puedas. Y si haces aliados por el camino, aún mejor.

Me planteé mis opciones y los últimos acontecimientos. Las dos últimas recompras del seguro no apoyaban su relato; máxime cuando me hallaba peleando por el bien de la humanidad.
  • Y que diferencia hay en hacerlo sólo que hacerlo con ese... duque Snownosequé?
  • Duquesa Snowsturm
  • Encima pomposa, con dos c*j*nes.
  • No te pido que seais amigos del alma. Prepara una nave, ve allí y haz lo que mejor sabes hacer.
  • Lo que mejor se hacer es beber.
  • Pues hazlo cuando no queden amenazas Thargoides.
  • ¿Sabes? Por un momento creí que querías que acabara con esa duquesa.
  • ¿Porqué? ¿Porque me cae mal? No soy idiota. Las amenazas hay que atacarlas una a una. Primero la escoria alienígena...
  • Y yo ¿qué saco de todo eso?

Su mirada se entornó y se enfocó bajo la mesa. Al seguir sus pupilas el reflejo acaramelado me deslumbró y no tuve más opción que decir que haría lo que pudiera.
 
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¡Mil disculpas de mi parte! Si pudiese dar más que un solo like por post lo haría. Muchísimas gracias por la mención. A ver si me desbloqueo y le doy un poco al rol de nuevo, que falta hace. Muchas, muchas gracias por la mención, ¡y muy buen trabajo!
 
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:D
Tranquilidad, no hay prisa por nada. Lo bueno de elite es que lo puedes llevar a tu ritmo. Y seguro que exageras, no es para tanto; la mayoría de las veces escribo deprisa y corriendo sin releer ni corregir. Pero si me apetece llevar el rol un poco más allá. Además tengo planeado sacar armas de facciones del imperio, asi que igual me paso por el imperio una temporadita jeje. Oye ¿cómo haces eso de poner las letras borrosas? mola"
 
:D
Tranquilidad, no hay prisa por nada. Lo bueno de elite es que lo puedes llevar a tu ritmo. Y seguro que exageras, no es para tanto; la mayoría de las veces escribo deprisa y corriendo sin releer ni corregir. Pero si me apetece llevar el rol un poco más allá. Además tengo planeado sacar armas de facciones del imperio, asi que igual me paso por el imperio una temporadita jeje. Oye ¿cómo haces eso de poner las letras borrosas? mola"

Por favor. Estoy aquí a mil con tu relato. Me encanta la aspereza de algunos contextos y me hace muchísima falta retomar un poco el rol. Me voy a actualizar de todas tus publicaciones antes de hacer una buena respuesta, porque la verdad quiero enterarme bien del contexto antes de darte una respuesta. Antes de que termine la semana me voy a proponer a responderte algo. Y, ¿lo borroso? Con el tag ISPOILER y cierras con /ISPOILER. Casi lo mismo que el regular, pero el regular me crea problemas a mí por alguna razón... ¡Un saludo!
 
Sector: Sanguineous Rim
Cuadrante: 340 : 562 : -1450
Sistema: HIP 36601
HIP 36601 C 5 A
-50.06°, 169.28°
Hora: 21:51:50 del 28 Mar 3306.
Cambio.


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El espacio exterior es... inmenso. Inmensurable y vasto. Es increíble pensar en cuanto, como raza, hemos descubierto; en la magnitud de las implicaciones de una raza sensible, ahora extinta, y en la gravedad del conocimiento de una raza consciente a la cual hemos castigado intencionalmente con un genocidio... No que me moleste mucho, claro. Jamás se han fastidiado en mediar encuentros pacíficos con la humanidad, fuera de sus hiperdicciones forzadas para estudiarnos como alimañas de pecera, así que con más satisfacción opino que podrían disfrutar plenamente de otro par de bombas de fisión como regalo a sus legendarias naves Mega Colmenas. Insoportables floripondios, gérmenes desagradables. Brr. Ya les había visto unas cuantas de veces muy, muy de cerca, y sobreviví para contarlo.

Un céfiro resoplaba a lo largo de la cabina de Stellar Compass, soplando amablemente sobre mis hombros. Me estremecí de repente.

–Air conditioner, off–, comandé para detener la brisa. Con un murmullo electrónico, el dispositivo pareció explayarse hasta agregar al silencio de la cabina.

El Mayor Frost no se encontraba a bordo. De hecho, hace bastante tiempo que no le veía. Hay bastante que he fallado en relatar en el trayecto de los últimos dos años, y esta es una de esas nimiedades. Descubrí que todo copiloto, fuera de adueñarse de un porcentaje de mis ganancias, volasen conmigo o no, el Código de la Federación de Pilotos instruye que un porcentaje del rango de combate otorgado a nivel galáctico por la misma Federación de Pilotos debe compartirse con cada miembro de la tripulación contratado. Bah. Qué porquería. Por supuesto, eso me tenía tan rezagada. Podrían introducirse sus estatutos por…


18.10°, 4.14°
Hora: 22:16:34 del 28 Mar 3306.
Cambio.


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Una de las razones por la cual vuelo sola ahora es por el silencio. No hay música, no hay noticias. Sólo disfruto el silencio. Me hace falta. Al menos me ha hecho falta durante las últimas semanas. O meses. Más bien meses.

Low gravity warning.

Ignoré la advertencia rutinaria, y luego de que la nave desenganchara el Escarabajo, di media vuelta y me dispuse a explorar un poco a cuatro llantas. Estaba en este satélite decrépito en la mitad de la nada, como de costumbre, en busca de unas formaciones cristalinas reportadas en esta zona que contenían materiales de alta rareza muy necesarios en los procesos de desarrollo e ingeniería avanzados para los módulos de naves espaciales. El problema de todo esto es que no había dónde comprarlos. Ninguno de estos materiales eran precisamente costosos, mas no es que hubiese un negocio específico que les minase o extrajese de la tierra, ya que su demanda era increíblemente baja; así que bien, la que quiere, busca, y la que busca, encuentra. Encima, la cantidad que requería era tan mínima que el picar trocillos de los cristales con láseres me era más que suficiente para el propósito que les tenía destinado.

–Al menos el terreno es más homogéneo y parejo aquí–, mascullé ausente. La verdad que el conducir en terreno abrupto era todo un dolor de cabeza, y más aún con baja gravedad. Fórmula rápida y segura para llenar una bolsa con lo que fuese que hubiese comido de almuerzo.

Incoming message.

Fruncí el ceño. –Otro imbécil del mercadeo de alguna facción que quiere mis servicios, seguro, ¡pero si estoy a más de mil setecientos años luz de…!–. Pausé, extrañada. –Comandante, ¿quién? ¿Ni-be-ro-bey? ¿Qué tipo de nombre es ese?–, negué con la cabeza, cruzándome de brazos luego de guiar el vehículo a una parada completa. –Es un mensaje bastante estándar… Reunirse conmigo, ¿eh? Será otro rarito… Vamos a ver–, negué de nuevo, guiada por mi mentón, y me retiré parte del flequillo del rostro al mirar la pantalla a mi diestra. –Computer, please conduct full queries on criminal history, wants, warrants, and personal identifiable records on Commander Niberobey–, ordené a mi terminal luego de introducir mis credenciales imperiales. Una populosa lista de fechas, cargos, jurisdicciones, y disposiciones de juicios efectuados in absentia inundó mi pantalla. Al mirar con detalle, no pude evitar una carcajada dentro del pequeño róver de plexiglás. Este vil personaje era bien conocido, y detestado, entre los federales, y buscado en varias de sus jurisdicciones, sin extradición. Así que, a menos que cada botín se cobrase individualmente en la soberanía de cada comarca de incumbencia específica, cosa que tomaría tiempo y gasolina, no sería de gran ganancia al cobrarse con pérdida con defecto frente a un representante de Factores Interestelares, lo cual explicaría por qué seguía vivo y merodeando.

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–Podría llegar a agradarme este sujeto–, musité, cerrando la ventana holográfica y le proseguí a atinarle cuatro tiros láser a otro cristal, quebrando una bifurcación delgada. Mentalmente fui rumiando qué responderle precisamente. –Delincuente, pero listo–, me sonreí divertida.

Cargo hold at maximum capacity.

Una vez de vuelta a la nave, róver recogido por los ganchos frontales y asegurado al interior del hangar de vehículo, me encontré sentada de vuelta en mi silla y abrí el panel de comunicaciones. El cursor pulsante me interrogaba para que le alimentase con palabras.

‘Saludos Comandante.

Me encantaría …’ Fruncí el ceño. No. Demasiado cursi.

‘¿Qué quieres, subnormal, o es que te encanta ir por ahí mandando mensajes como cupido forrado en plomo?’ No. Bueno. Tal vez.

Fruncí el ceño de nuevo y arrugué el labio, mostrando dientes de lateral.

–Detesto escribir mensajes–, musité descontenta y me desinflé en mi silla. Cerré los ojos por un instante y pensé en casa. Vance Station. Pensé en el amplio pastizal frente a mi cabaña, en los árboles, en el olor a pino y a roble. En los parques y en el vino en las horas de la tarde. Suspiré a gusto.

Parpadeé. –No suena mal–. Parpadeé de nuevo. –No suena nada mal–. Sonreí.

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Send.

–Listo, satisfactorio–, me alcé de hombros y arrugué los labios, encendiendo motores para despegue y trazando ruta hacia el siguiente sitio de extracción.

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Cuaderno de bitácora, Comandante Niberobey.

Día: 4... ó es 5? Mes: el que vas después de marzo Año: 3306

La reunión con la Duquesa fué “satisfactoria”. Me esperaba un grupo con trompetas anunciando su llegada y anunciando su nombre y título como si fuera un miembro de la nobleza en una corte medieval y resultó ser una freelance con ganas de reconocimiento. Fué un rato agradable pero la cosa se torció, al menos para mi. Tuve que dejarla con la palabra en la boca al final de la reunión por un problema insistente. No pararon de contactarme durante toda la reunión y al final no tuve más opción que dedicarle una despedida rápida y salir a toda prisa. Ya en el taxi de vuelta al hangar pude llamar a mi alimaña de suelo favorita:
  • Walker, espero que sea importante. Estab...
Disparos. Los fogonazos se oyeron a través del auricular, balas rebotando en superfícies de metal mientras los heridos y caídos aullaban con cada impacto.
  • Estoy jodido... ...pira... ...tacando... ...seguri...
  • Se corta la comunicación. Dame tu posición
  • ...conda... no tard...
Una explosión que casi me deja sordo fué lo último que pude escuchar. Lo siguiente fué ruido de radio. Al menos fué listo y pudo mandarme la localización antes de que se terminaran de j*der las comunicaciones.
No tarde en encontrar la señal y me aventuré esperando enfrentarme a lo que sea. Por suerte tenía la Vulture equipada con un hangar de carga pequeño, por si había supervivientes. Nada. Los daños de aquella anaconda parecían arañazos hechos por una criatura gargantuesca, como si una arpía sideral hubiera atacado aquella monstruosa nave. Esparcidos por sus cercanías había un reguero contenedores de cuero y trozos de la nave desperdigados caóticamente. Ni rastro de cápsulas de escape. Sólo podía esperar que los servicios de rescate hubieran sido muy raudos y no que nadie hubiera podido escapar. O peor, que los supervivientes hubieran sido capturados.
Los vapores del alcohol empezaban ya a hacer mella en mi juicio, así que todo lo que pude hacer fué volver a Mendez y contactar con los servicios de rescate.


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Que suerte tiene el mamón. Lo pudieron rescatar, lo cazaron en una cápsula de escape y estába vivito y coleando pero retenido por los cargos en su contra. Decidí hacerle una visita a CENSURADO y llevarle algo de comida caliente y una petaca con “vodka” frío. Dentro de la petaca por supuesto metí vodka frío y algunas ganzúas y pequeñas herramientas eléctricas debidamente aisladas del líquido para que no se estropearan y para que no hicieran ruido al agitarla en un control. Por último un comunicador de mano algo desfasado para que pudiera hablar con sus seres queridos. Tenía lo suficiente para escaparse si decidía hacerlo. Los responsables de seguridad revisaron todo lo que llevaba, y tuve suerte de que no encontraran nada raro, pero no dejaron que se llevara la petaca, podía beber durante la visita pero nada más. Llevaba mucha comida porque mi plan era comer con él en lo que duraba la visita.
  • Mira quien ha aparecido porfín.
  • Mira quien ha sobrevivido como buena alimaña.
Tomamos asiento, Walker alzó las manos para que le quitaran los grilletes. Los guardias me miraron y yo asentí con la cabeza.
  • Tiene un cargo contra él por agresión, Comandante. Es por su propia seguridad.
  • Lo sé, pero creo que no me hará nada, hace las cosas por negocio, y nadie le ha pagado por agredirme hoy.

Gruñendo abrió los grilletes de mi viejo compañero de trinchera, quien se acarició las muñecas antes de empezar a zamparse el puré con trozos de carne. Le ofrecí la petaca:


  • “Vodka sideral”. No podrás llevartela, así que deja un “último” trago.
  • Ajá – me sonrió, trozos de puré ensuciaban sus dientes – y que tal esa Duquesa, ¿está buena?
  • No llevas aquí ni un día y ya hablas como un preso. No lo sé, pero no es nuestro tipo.
  • Por lo menos habrá sacado algo en claro.
  • Algo, sí. - respondí absorto en mis cabilaciones recordando la conversación en aquel porche rodeado de verde -. Pero dime, ¿qué coj*nes ha pasao?
  • Piratas. Pero dentro de la nave. Verás, me contrataron como seguridad interna para un “contrabando” de material. Pero por lo visto había algunos infiltrados en el cargamento y la tripulación. Así que sacaron la nave de supercrucero y mientras unos nos entretenían otros sacaban el cargamento.
  • Pero la carga estaba fuera cuando llegué. Había cuero tirado por el espacio.
  • Es que esa no era la carga que querían. Y no me preguntes, yo tampoco lo sé. Pero aquí estoy. - Se encogió de hombros y dió un trago de vodka. Agachó un poco la cabeza y me susurró -. ¿Hacemos el rehén?
  • No, dejate de idioteces, nos van a volar el culo dentro de la estación. Ya he visto como volatilizan una nave dentro y ac*jona. Son cañonazos de laser precisos y potentes.
  • J*der. Echo de menos los viejos tiempos...
  • Yo también. Tenemos que volver a juntarnos y hacer una de las nuestras.


Me ofreció el licor pero me negué con la cabeza. Él se acabó el frasco con un par de tragos sin pestañear y me devolvió la pequeña petaca de metal que aún estaba fría.

  • Vienen a pagarme la fianza y a regañarme en casa. Pero es agradable saber que aún puedo contar contigo.
  • Es agradable que sigas vivo. Es complicado encontrar mercenarios de confianza. Te dejo acabarte el plato, que a mi también tienen que regañarme.
  • Oye, una cosa. He oído algo sobre una secta nueva.
  • ¿Otra?
  • Andate con ojo, ya sabes que los más peligrosos son los que no se pueden comprar.
  • Lo haré. Cuídate – le hice el saludo militar pero relajado, con dos dedos -.

Me guiñó un ojo y alzó la cuchara como si brindara por ello. La vuelta a Mendez se me hizo eterna. Hasta que pude volver a descansar entre sus brazos me pareció que había pasado un siglo. Ver a un compañero de fatigas sobrevivir de puro milagro te hace plantearte la vida. Al menos durante un par de días.

  • ¿Cómo ha ido el día cielo?
  • Bien. Ya sabes, misiones rutinarias de informes internos y cazar algún terrorista.
  • Y la reunión con la Imperial esa que te tenía tan nervioso.
  • Esa... bien.
  • No tiene tentaculos por brazos ni se ha afilado los dientes.
  • Jajajajaja. No, pero hubiera sido gracioso. La he invitado a visitar esta estación. ¿Y que tal tu día?
  • Ya sabes, actualizando datos de yacimientos y – me vió incorporarme y antes de que articulara palabra me espetó – Nooo, son datos confidenciales querido.
  • Vaaaaale.

Mañana será otro día rutinario. De entregar informes, cazar terroristas y volver vivo a casa

Primero pedir disculpas, tuve que desconectarme abruptamente por una emergencia doméstica, nada grave, y creo que no pude oír el final. Pero quedas invitada a Mendez Dock. Y he aprendido a meter las letras borrosas :D si es que para algunas cosas soy un dinosauiro
 
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¡No pasa nada! He quedado con todo el texto y lo publicaré eventualmente. Ahora mismo me he dedicado a corregir y actualizar mis publicaciones, que tengo dos años sin subir las cosas que debo así que me voy a invertir en eso. Igual tengo que digitar toda la conversación que tuvimos, porque me apetece hacerla su propia publicación, tiene bastante contenido. Y sobre lo de los Thargoides, ¿una Alliance Challenger para un poco de daño, o una T10 para servir de tanque? Me he propuesto a desbloquear las cosillas que me faltaban y ahora estoy arduamente trabajando en ingenieros. Yupi... Así que, ya me contarás y seguimos de ahí.
 
:eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek::eek: que está todo recogido, no se porqué no se me había ocurrido. Pues puede quedar chulo plasmado en el foro, así que tomate alguna licencia para darle un toque apañado, y queda pendiente que me devuelvas la visita Para los thargoides estaba pensando entre la chieftain y la challenger, usa la que te la nave con la que te sientas más cómoda. A mi me queda darle a ingenieros pero de guardianes creo que ya lo tengo casi todo (menos los cazas)
 
Cuaderno de bitácora, comandante Niberobey.
Día: Casi es el último. Mes: mediados de año. Año 3305

Uno de mis camaradas andaba de peregrinaje por Delphi. No se que se le habrá perdido allí, pero hay informes (en realidad fue una charla amistosa) de que hay actividad thargoide. Mucha actividad. Tras varios meses con la tediosa tarea de poner a punto una nave, sentía muchas ganas de probarla.Derramar sangre que no sea roja.
El viaje fué tedioso pero relajado. Venía de participar en dos guerras, y es siempre lo mismo. Me lo tomé como otra guerra más. Tranquilo, sin nervios pero sin exceso de confianza.

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Una vez en el destino y tras escanear el sistema completo me decanto por una señal pequeña, por ir calentando motores. 4 merodeadores que cayeron sin mucha dificultad. Los cañones de esquirlas y los gauss guardian son bastante eficaces y divertidos de usar. La corrosión es fácil de eliminar del casco subiendo la temperatura por encima del 110%. Las alarmas saltan, luces rojas y pitidos por toda la nave avisan de lo perjudicial de que siga subiendo la temperatura, pero tampoco es para tanto. Es un mecanismo de defensa como la fiebre para matar microorganismos hostiles en el cuerpo. Y como la fiebre hay que controlar que no suba demasiado durante demasiado tiempo. En este caso, la “fiebre” provocada en la nave mata la baba (o lo que sea) corrosiva.

Tras hacer alguna reparación rápida y recargar municiones aparece la Duquesa en la pantalla de comunicaciones.

  • ¿Delphi? Alguien ha acabado su nave.
  • Algo, me apetecia probarla para refinarla un poco.
  • Si quiere probarla de verdad avíseme.

Permanezco dubitativo unos instantes, me pesa el cansancio, las horas de viaje, la tensión del combate, el miedo y la incertidumbre…
  • ¡Claro! Vamos a matar bichos
  • ¿Nos vemos en Celaeno? Ahí también hay thargoides y estaciones cercanas por si acaso.

Creo recordar que la conversación fue así, el caso es que en unos 15 minutos estábamos por allí buscando alguna señal para estrenar el improvisado escuadron. Recuerdo que Snow venía con un camarada, no recuerdo quien, pero formaban un buen dúo.

El objetivo a batir era un cíclope Thargoide. Nunca en mi vida había visto un bicho de esos. Cuando lo ví se me iluminó la cara, los objetivos grandes eran fáciles de abatir y muy divertidos de combatir… En cuanto empezó la gresca entendí que no iba a ser fácil. Hacía pasadas rápidas soltando todo lo que tenía, tratando de eliminar los enjambres con un arma específica, no recuerdo cual pero había leído que era muy recomendable para eso. La Duquesa encaraba a la criatura escudada en el poderío de su anaconda, acaparando el fuego enemigo mientras su compañero y yo soltábamos fuego y plomo sobre la criatura. El cristal de mi cabina se rompió en mil pedazos. “Vaya drama” bufé para mis adentros agarrando el casco con desgana.

- Acaban de romperme el cristal de la cabina Duquesa.
- Huya si lo necesita.

Me respondió cortés “Ni que necesitara más de dos minutos para despachar a este bicho” me dije mientras terminaba el giro para volver a encarar al cíclope. “¿¡Crees que necesito una retícula para apuntar hij* de put*!?” grité a la escoria alienígena disparando todas las armas que tenía. Sorprendentemente, mi experiencia peleando con la vulture sin cristal (que es mucha y variada) me demostró que era más preciso sin retícula que con ella. Esa dificultad extra, el tiempo límite que marcaba escasos 7 minutos de oxígeno, saber que necesito tiempo extra para ir a una estación y que el tiempo que tengo de aire no es sólo para acabar el trabajo. Todo eso me enfoca más que distraerme.

Pero el bicho seguía dando guerra. Se oyó, o creí oir alguna señal extraña. Como cuando una nave capital activa el motor de distorsión para salir de la zona de combate. Siempre me quedo disparando mientras le insulto en su huída, y asocié esa sensación/sonido/vibración a que el cíclope trataba de huir. Mis ataque se hicieron más temerarios, incluso choqué con la criatura en un exceso de furia guerrera. La nave empezó a dar vueltas por el impacto y entonces ocurrió. Todo se apagó. Los mandos dejaron de responder, la nave dejó de dar vueltas a los pocos segundos y me vi indefenso. Como una hoja al viento a merced de los elementos. No escuchaba nada, veía algún fogonazo con el rabillo del ojo. “Tranquilo” me dije, “respira hondo y despacio”. No sabía cuanto tiempo tenía de aire, sólo podía esperar que la nave respondiera o la muerte, lo que ocurriera antes. Pero permanecí tranquilo, recordando la secuencia a realizar en cuanto la energía volviera a los sistemas de la nave. Cerré los ojos un instante, dejé la mente en blanco. “Respira hondo, relájate”.



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No sé el tiempo que pasó todo apagado pero en cuanto la nave volvió en sí me quedaban menos de 3 minutos de aire. Transferí toda a energía a motores, y encaré la estación más cercana a velocidad máxima. Activé el motor de distorsión.
MDD dañado

Casi me atraganto con la carcajada que me salió del alma. Traté de comunicarme con mis camaradas, avisando de la situación mientras sintetizaba más aire. Por suerte tenía material suficiente para alargar mi agonía un poco más.

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- Reinicie la nave primero y corra. Sintetice life support para más oxígeno. Peguese a mi baliza.

Me decía la duquesa. Reinicié la nave.

MDD dañado
- Nada, esto no quiere funcionar.

Probé por segunda vez, esperé pacientemente, relajado.

MDD dañado

Revisé los módulos y fui desactivando los que no me eran indispensables. Reinicié por tercera vez. Puse velocidad máxima encarando la estación otra vez.

MDD dañado

- Actívate trasto inútil o te vendo como chatarra. -Grité apretando el botón compulsivamente. -

Motor de distorsión activado… saltando en 4…

- No, si cuando se piden las cosas por favor…

Ya en la seguridad de la estación pude relajarme y comentar lo ocurrido con Snowsturm mientras ordenaba las reparaciones oportunas.

  • ¿Es cosa mía o el bicho intentó escapar? – espeté sin darle importancia al asunto –
  • Puede que si.
  • Estuvo todo desconectado un rato en mi nave. Normalmente cuando me rompen le cristal suelen morir antes de que tenga que irme.
  • Pues murió, así que igual si rindió.
  • No se si habrá sido por la hipoxia o por la adrenalina, pero se me ha puesto dura. Hay que repetirlo.
  • Jajajajajajajajajaja
  • Bueno, por hoy ya he tenido bastantes emociones, voy a ver si me emborracho hasta caer inconsciente. Ha sido nuevamente un verdadero placer, tenemos que repetirlo.
  • Bueno, discutiblemente no es la mejor opción, pero está muy bien. Ha estado bien.

Corté la comunicación y ordené que instalaran un módulo de auto-mantenimiento. Si se vuelven a romper algo que al menos pueda volver a donde haya cerveza, prefiero que mi cadáver sea toqueteado por manos humanas que por tentáculos.
 
Fuera de casi morir... supongo que fue una experiencia entretenida para usted. A ver cuándo la repetimos. Un poco más de estudio de maniobras y prácticas y podemos comenzar a cepillarles mejor. Excelente trabajo.
 
Hoy me he partido la cabina con otro cíclope y aunque no ha caído he podido salir airoso. Son muchas armas y estoy acostumbrado una nave más pequeña con un único grupo de armas, pero ya le estoy cogiendo el hilo a los ataques de los tharguis y a dónde hay que dispararles. Unas cuantas incursiones más como esa y con suerte los extinguimos.
 
Pues cuando se vaya sintiendo con más confianza, vamos a estudiar a los siguientes. Sería maravilloso contar con alguien más para un basilisco. De a pocos vamos a ir destrozándolos.
he colegas muy buena experiencia, yo casi no me e enfrentado a esos bichos pero me llama la atencion a ver si invitamos al capax y hacemos una wing bien guerrera
 
Cuaderno de bitácora, comandante Niberobey.

Día: %/·&"=€)$ . Mes: *^"¨^^%$ç}ª{. Año ··=%


La oscuridad total es una sensación extraña. No me es desconocida, pero es extraña. Al cerrar los ojos en un ambiente cotidiano experimentas oscuridad, pero si la luz es lo suficientemente intensa, ya sea artificial o natural, los finos párpados dejan traspasar algo de luz y puede llegar a ser molesto.

La oscuridad del espacio es muy tupida, pero hay destellos de luz en el fondo; no te permiten ver en las cercanías, pero ves algo.

La oscuridad total y absoluta es otra cosa. Es abrumadora y mística. Casi como un manto que te deja abstraído y asustado, algo tan tupido que casi puedes tocar pero que no se deja atrapar, tan solo lo cubre todo y te deja a merced del peor depredador de todos: tus miedos más profundos y oscuros.

Recuerdo la primera vez que lo sufrí. Vivía en un planeta, no recuerdo cuál y los chicos del dojo y yo fuimos a una zona de cuevas a explorar. Conforme nos adentrábamos más y más en las entrañas del subsuelo la oscuridad se hacía más patente, pero mirábamos atrás para buscar la luz de la entrada y nos sentíamos tranquilos al sabernos seguros de poder volver. Hasta que al mirar atrás no vimos nada. Absolutamente nada. El eco de nuestras voces resonaba por cada recoveco, alguno de nosotros empezó a desesperarse y gimotear, pero no veíamos nada. Miento, veíamos oscuridad, una manta oscura de la nada más absoluta que cubría cada rincón y que parecía que podías tocar. Las caídas fueron duras al principio, tuve que dejar el peso en el pie que dejaba atrás para tantear con el que adelantaba, incluso con las manos, para evitar otra caída. Un líquido caliente empezaba a manchar manos y pies; por el sabor ferroso confirmé que era sangre. Las voces de mis compañeros se hicieron más tenues hasta que dejé de oírlas.

Recé, lloré, supliqué por mi vida, me encogí en el suelo muerto de miedo y al final dormí agotado por el llanto. Algo me hizo cosquillas por la pierna, algo delicado y con muchas patas me subían por la pantorrilla. Cerré los ojos, sentí cada pata, me concentré en mi cuerpo y atrapé al bicho. Me lo comí sin pensármelo. El miedo ya era algo que no me iba a abandonar, lo conocía bien y podía ayudarte a segregar adrenalina, el miedo y yo éramos viejos amigos pero el hambre me era un enemigo conocido; es jodido vivir con miedo, pero se puede morir de hambre. No puedes sobreponerte al miedo con hambre. No se cuánto tiempo pasé deambulando desorientado, solo y sin más ruido que el que hacía mi cuerpo. Aprendí a conocer cada ruido que emitía, cada latido, cada gruñido de mis tripas, la sangre corriendo por mis venas, el aire deambulando por mis pulmones. Sabía reconocer cada sonido y de repente ruido y luz. Una luz cegadora y un ruido ensordecedor. Estuve unos días sedado, hasta que mi cuerpo se acostumbró de nuevo a su ruidoso y luminoso mundo. Parece que fui el único que murió en esa cueva, el resto salió con una historia que contar, mi niñez murió masticando insectos. Una vez salí del hospital, por primera vez en mi vida gané una pelea en el dojo. El resto, como suele decirse es historia.


Nuevamente me sumí en la oscuridad voluntariamente. Una oscuridad total y absoluta, una manta negra, vacía y fría que calaba hasta los huesos. Me mantuve sereno y calmado tratando de orientarme. El suelo era plano pero no estaba seguro de si estaba arriba, abajo o caminando por una pared. El entorno, o al menos lo que creía sentir se movía de forma aleatoria y caótica, como si alguien jugara con mis sentidos. Oí una voz. Más que una voz un chirrido que sonaba como mil agujas raspando piedra y metal:

- ¡Qué haces aquí humano!

Eché mano de la pistolera que no llevaba buscando un arma que no tenía. Mi memoria muscular de nuevo implacable, pero sin recursos.

- ¿Buscas esto?

En mi mano apareció una escopeta de cañones recortados. Una luz tenue empezó a iluminarme, como si estuviera enfocado por un foco. Apunté sin saber a donde, a todas partes sin ver nada.

- ¿Prefieres tener algo a lo que enfrentarte?

Aparecieron tres hombres frente a mi, esos enemigos salieron de la oscuridad más absoluta, cada uno recibió una lluvia de perdigones. Al tercero tuve que reducirlo a golpes; el foco que me apuntaba me dejaba ver algo, lo suficiente como para reconocer a mis enemigos: mi padre. Los tres llevaban el rostro y la complexión de mi maldito padre. Saqué los cartuchos vacíos del arma mirando hacia arriba resoplando, convencido de que se trataba de una broma de mal gusto. En mi mano aparecieron otros dos cartuchos para cargar de nuevo el arma. Rompí a hablar por fin envalentonado:

- Ya puestos podrías montar un ambiente más agradable. Ya sabes, alcohol, estripers…

- JA JA JA. ¿Sabes quien soy?

- Tengo alguna idea.

- ¿Crees que tu esencia de mortal puede atreverse siquiera a entender mi condición de deidad?

- Bueno no digo que ahora si, pero igual si nos vamos conociendo…

- Blasfemo. No eres más que una mota de polvo en las arenas del tiempo.

- Espera, no me digas que tú eres el dinosaurio ese rosa con tentáculos de colores de la secta esa del vacío.

El entorno empezó a distorsionarse, mi visión se esclareció por instantes pudiendo diferenciar una luz cegadora, figuras extrañas, sombras y colores brillantes mientras me parecía oír una risa que sonaba como un tambor. Grité y disparé desesperado a los fogonazos, el ruido empezaba a hacerme sangrar la nariz.

- No eres más que una sombra que vaga en la niebla.

Me limpié la sangre de la nariz con el dorso de la mano buscando una referencia visual pero el foco desapareció y volví a la tupida oscuridad.

- Y tú un chulo que se vanagloria de su superioridad. ¿Qué quieres de mí ¡oh! todopoderoso ente divino? – me burlé haciendo una reverencia - ¿qué necesita su divinidad que busca la ayuda de un simple mortal? – hacía reverencias y aspavientos exagerados para hacer más patente mi sarcasmo – o igual sólo está aburrido.

De nuevo como al principio una risa, pero esa risa no me resultó desagradable, parecía como si aquel ser no se hubiera reído en mucho tiempo.

- ¿Qué quieres tú? No fui yo quien te buscó, tú viniste en mi caza. Tú fuiste el que vino a mí, mortal. Ahora que has presenciado toda mi divinidad – se mostró levemente con forma de lagarto gigante, tentáculos en el pecho y tres pares de alas en la espalda – dime mortal ¿qué has venido a buscar aquí?

- - miré el arma y alcé de nuevo la mirada para volver a observar la oscuridad más absoluta – ni siquiera sé cómo llegué aquí.

Me encogí de hombros tirando la escopeta de mano. Entonces caí al vacío y en el camino pude vislumbrar toda una suerte de mandalas de colores llamativos mientras mi nombre se repetía como un mantra.

- Mortal, has atravesado los límites de la consciencia y trascendido toda comprensión humana conocida. ¿Vas a decirme que ha sido por casualidad? Cómo te atreves a mentirme mortal.

- Se supone que lo sabes todo, Sr Deidad.

- No soy omnisciente pero he visto los confines del universo nacer y perecer una y mil veces.

- No se como llegue aquí, pero me gustaría salir.

- Te sientes agobiado, desnudo y desprotegido. Tienes miedo, pero no de mi, sino de ti. Tienes miedo de derrumbarte, de no poder seguir, de sucumbir a tus propios demonios.


Bajé la mirada, me senté cruzando las piernas con la cabeza gacha sabiéndome derrotado. Me pasaba la vida huyendo de mis propios pensamientos, de mi pasado, de mi mismo; y por más que trataba de avanzar siempre me sentía atrapado por ese pecado del pasado, por ese error sin corregir, por esa pena que nunca deja de apretar el pecho.

- Mortal, levanta la cabeza y sigue tu camino. Acabas de comprender que no podrás huir siempre de tus demonios, pero puedes enfrentarlos. Adelante, sigue tu camino, ya nos veremos de nuevo.

- Y como caraj* salgo de aquí – murmuré entristecido –

- Tan solo abre los ojos.



Me desperté sobresaltado en el sofá del apartamento. La pequeña mesa de café estaba llena de cerveza de koonga y restos de onion head al lado de una de las latas abiertas. Cogí lo que quedaba del psicotropico y lo tiré por el retrete. “No vuelvo a meterme esta mierd* en mi p*ta vida” me dije mientras me dirigía a la cocina a por otra cerveza.
 
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