Panov Franbarr

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Panov Franbarr es el tercer hijo de un prominente Patrón Imperial con aspiraciones de grandeza. Su madre abandonó el hogar cuando Panov era muy pequeño, quizás para escapar de la excesiva rigidez y sobriedad del cabeza de familia.

Su hermano y hermana siempre se han mostrado distantes y sus personalidades son más cercanas a la del omnipresente padre. El hermano mayor, inteligente y metódico, está destinado a heredar el título y empresas del padre. La hermana, elegante y altiva, está prometida con el heredero de otra distinguida familia Imperial de un Sistema cercano.

Esa ausencia de cariño familiar y un carácter laxo, perezoso e inseguro provocan continuos desencuentros entre Panov y sus allegados. De cuando en cuando, Panov pierde el control y manifiesta un perfil irascible, colérico e imprevisible. Todo ello lleva al padre a la decisión de enrolar a su hijo en la Academia de Pilotos Imperial para alejarlo de su vista; inicialmente el destino que tenía pensado para él era dirigir una empresa de poca importancia del entramado económico familiar.

Panov siempre ha soñado con ser un afamado piloto e incluso llegar a Elite. Pero en los abundantes simuladores que ha usado desde pequeño nunca llegó a demostrar las destrezas necesarias para destacar en el arte del pilotaje.

En la Academia Imperial sigue la misma tónica. Aprueba el curso de manera mediocre y no consigue ingresar en la Armada Imperial, premio destinado solo para los mejores, aquellos que rayan la excelencia. Los consejeros de la Academia le sugieren que se dedique a labores de transporte de mercancías, intentando evitar los combates en la medida de lo posible.

Panov pide dinero a su padre para comprar una nave, quien solo le proporciona lo suficiente para adquirir una vetusta Sidewinder de segunda mano, trufada de componentes de pésima calidad.

La nave es bautizada con el nombre de “Malenky”, palabra rusa que significa “pequeña”.

Panov quiere trabajar para la causa de Aisling Duval. Desde hace años está enamorado perdidamente de ella y la venera como si fuese una antigua deidad inalcanzable. Y por ella abraza con pasión los ideales anti-esclavistas.

Así pues Panov pone rumbo a Cubeo, hogar de su amor platónico, para afiliarse a dicha Potencia; sueña con ascender rápidamente en el escalafón y llegar algún día a conocer a su adorada líder.
 
umm me pregunto que le depara el futuro a este comandante, no es facil abrirse paso desde abajo pero eso lo hace divertido
 
RABIA

Fecha
: 05/03/3305

Panov podría haberse afiliado a la superpotencia de Aisling Duval realizando una petición telemática desde su nave, acomodado en cualquier ubicación de la galaxia. Pero quería hacerlo de manera personal en una oficina de la superpotencia de Cubeo, el sistema donde se situaban los cuarteles generales de dicha superpotencia. De alguna manera sentía que, haciéndolo así, algún tipo de justicia divina le recompensaría con un encuentro casual con su amada Aisling.

Así pues, dirigió a Malenky hacia Medupe City, la estación espacial más cercana a la estrella principal del sistema. Panov se sentía vulnerable. Conocía sus limitaciones, tanto las suyas propias en su rol de piloto novato como las inherentes a su mediocre nave. Y tenía que minimizar las opciones de ser interdictado eligiendo la estación espacial más próxima a la estrella, para estar el menor tiempo posible como potencial victima de cualquier pirata; o incluso de algún temerario miembro de una superpotencia rival que osara adentrarse en el hogar de sus enemigos.

Malenky saltaba poco por lo que el viaje se hizo más dilatado de lo deseado. Una de las prioridades de Panov era mejorar el motor de salto de Malenky, algo básico para poder moverse con agilidad por la galaxia.

Antes de realizar el último salto, el que le llevaba a Cubeo, Panov sintió una extraña excitación, mezcla de miedo y entusiasmo. Cubeo era un sistema muy importante y concurrido, por lo que las probabilidades de tener un encuentro peligroso eran grandes.

La llegada a Medupe City se realizó sin ningún contratiempo. Panov pidió permiso para estacionar y consiguió posar su Sidewinder en la plataforma de aterrizaje asignada.


Después de apagar todos los sistemas de Malenky, Panov descedió al hangar. Lo primero que sintió fue la extraña sensación de gravedad de las estaciones espaciales; y el abismo de advertir que los conceptos de arriba y abajo perdían el sentido al mirar por encima de su cabeza y ver que su arriba era el abajo de los pilotos estacionados allí. Pero le duró poco, esas sensaciones las había sentido muchas veces anteriormente y su mente estaba bastante acostumbrada a ellos.

Caminó hasta encontrar la oficina de la superpotencia de Aisling Duval. La imagen de la bella lideresa estaba por todas partes y espoleaba a sus súbditos a pelear por su causa: eliminar la esclavitud en los mundos del Imperio. Había también numerosos carteles y folletos del movimiento no gubernamental Stop Slavery Stupid promovido por Aisling.



Panov se acercó a un mostrador y solicitó el ingreso en la superpotencia. El agente que le atendía se mostró extrañado.

- ¿Has venido aquí para inscribirte pudiendo hacerlo desde tu nave?

- Si... quiero hacer las cosas bien desde el principio. Y formalizar mi inscripción aquí es como un juramento de bandera. Supongo que soy demasiado romántico e idealista para estos tiempos tan pragmáticos.

- Muy bien chaval, nos vienen bien los idealistas. Y también gente de buena cuna y formada como tú, que se nota que has tenido una educación excelente. Quizás podríamos buscarte una ocupación donde se pudiese aprovechar tu buena imagen y tu formación.

- Gracias pero no, prefiero trabajar para la causa de Aisling como piloto de mi nave.

- ¿Qué nave tienes? ¿Cuáles son tus niveles de piloto?

- Err… pues tengo una Sidewinder… y mis niveles son los más bajos. Pero mejoraré pronto, estoy muy motivado por defender su causa e ideales, y eso es el mejor acicate.

El burócrata entrecerró un poco los ojos y cambió sutilmente su forma de mirar a Panov, con un atisbo de decepción en su mirada.

- Vaya… lo siento chaval, pero por ahora y con tu nivel y tu nave, poco nos puedes ayudar. Hay varias maneras de apoyarnos: transportando contratos, propaganda o bien combatiendo por nosotros. Lo de transportar es relativamente fácil pero la capacidad de carga de tu nave es ridícula. Y lo de combatir es una locura, más bien un suicidio para ti, no durarías ni dos Telediarios… a propósito, ¿de dónde vendrá esta expresión?

Panov se ofuscó al sentir el sutil desprecio del oficinista. E, incapaz de ocultar sus sentimientos, su enfado se hizo patente para cualquiera que le mirara un poco.

- Señor, mi determinación es fuerte y ni su desdén ni las limitaciones de mi nave me impedirán trabajar para que los ideales de Aisling Duval prevalezcan. Volveré pronto, con una nave mucho mejor y volveremos a retomar esta conversación.

Panov se dio la vuelta y abandonó la oficina. Ya había pensado sobre las pocas posibilidades de su nave para ser medianamente productivo para la causa de Aisling. Aún así, el desprecio del burócrata le había herido y a la vez le había encendido una pequeña chispa de ira en su interior.

Su meta principal era conseguir una nave mejor. Y para ello necesitaba dinero. Y también subir su nivel de piloto ya que para acceder a naves más complejas y grandes había que acreditar que se sabía manejarlas.

Y la mejor manera de conseguir ambos objetivos era realizar misiones para las facciones menores de los sistemas.

Por lo tanto contactó con el representante de una de las facciones y este le mostró varias misiones disponibles en ese momento; la mayoría de ellas estaban relacionadas con una epidemia que se estaba propagando en Primi, un sistema cercano a Cubeo.

Finalmente Panov aceptó una misión de trasporte de medicinas a Dreyer Hub, un pequeño espacio-puerto de Primi. Parecía una manera fácil de empezar a ganar algunos créditos. Lo de la epidemia era poco preocupante. Panov sabía que los procedimientos de descarga de mercancías estaban totalmente automatizados por lo que ni siquiera era necesario abandonar la seguridad de la cabina de la nave. Y el frío y la radiación cósmica del vacío eran la mejor forma de esterilizar su nave de cualquier patógeno que se hubiera adherido al casco de Malenky.

Ayudar a contener la epidemia no era algo que enorgulleciera especialmente a Panov. Él pensaba que la gente moría a millones a cada segundo y que, unos cuantos miles más o menos, no suponía ninguna diferencia. Mala suerte para ellos pero la vida no era justa. No podía sentir pena por gente desconocida que moriría antes o después.

Así pues Panov ordenó la carga de las medicinas y puso rumbo a Dreyer Hub en Primi. El viaje era corto y se produjo sin ningún contratiempo. Su nave ahora estaba marcada como perteneciente a la superpotencia de Aisling, por lo que era susceptible de ser atacada por naves de las superpotencias enemigas.

Salíó de supercrucero, se acercó a la estación espacial y, cuando estaba a menos de los 7,5 km que marcaban las normas, pidió plataforma de aterrizaje.

Se trataba de una pequeña estación industrial con unas pocas plataformas para naves medianas y pequeñas; la Sidewinder de Panov era de las más pequeñas que pululaban por la galaxia.



Panov no queria perder tiempo por lo que cargó combustible y ordenó la entrega de las medicinas, todo ello sin abandonar la cabina. Pensaba que él era demasiado bueno para mezclarse con la gentuza que transitaba por lúgubres apeaderos como aquel. Y más con una epidemia descontrolada en dicho sistema.

El número de créditos prometidos por el éxito en la misión incrementó su saldo; buenas noticias para Panov, que los necesitaba urgentemente para mejorar su vetusta Malenky con componentes de mejores calidades.

Panov marcó Cubeo como próximo destino y pidió permiso para despegar. En pocos minutos estaba saltando de nuevo al hiperespacio para salvar las enormes distancias que separaban los sistemas estelares entre sí.

Apareció cerca de la estrella principal, como siempre ocurría con los saltos hiperespaciales. Lo siguiente era dirigirse a Medupe City en supercrucero, lo que le llevaría unos minutos. Durante ese tiempo Malenky era vulnerable a ser interdictada por naves enemigas o piratas.

Panov se sentía tranquilo porque un rato antes había hecho el mismo trayecto sin encontrarse ningún escollo.

Pero esta vez iba a ser distinto; súbitamente Panov sintió una brusca alteración en su nave. La identificó como una interdicción. Alguien quería sacarlo de supercrucero a espacio normal, seguramente para atacarlo e intentar destruir su nave.

Y eso podía suponer morir. Las naves contaban con un sistema de eyección que expulsaba a los pilotos en una cápsula de supervivencia segundos antes de que la nave explotara. Pero este salvavidas no era perfecto y fallaba frecuentemente, provocando la muerte del infortunado piloto. Y, aunque la eyección fuera exitosa, la cápsula podía ser destruida fácilmente por pilotos enemigos sin escrúpulos que no respetaran las normas éticas de prohibición de eliminación de cápsulas.

Todo esto lo sabía Panov. Se sentía frágil y el terror le invadió. Ni siquiera se fijó en el tipo de nave que le estaba interdictando. Cualquier nave era mejor que la suya. Y, en el fondo, él sabía que casi cualquier piloto también era mejor que él.

Le pareció comprobar que la nave atacante no era pirata, sino una nave de una superpotencia federal enemiga que debía estar patrullando en Cubeo, intentando bloquear la entrada de naves de Aisling en las estaciones de dicho sistema.

Panov, presa de un ataque de pánico, tomo una decisión medianamente inteligente: ceder a la interdicción. Podría haber luchado contra ella y, en caso de victoria, la interdicción fallaría y él podría continuar su camino. Pero en caso de perder, caería al espacio normal con el motor de salto inutilizado durante unos minutos, lo que le dejaría a merced de ser destruido fácilmente por su enemigo.

Cediendo a la interdicción, el motor de salto estaría disponible en muy poco tiempo y, con un poco de suerte, sería suficiente para saltar rápidamente a otro sistema antes de ser devastado por su agresor.
Ceder era la decisión más inteligente y así lo ejecutó Panov.

Malenky salió al espacio normal girando y desorientando todavía más a Panov. Rápidamente, con dedos temblorosos, buscó un sistema cercano a donde saltar. Daba igual, simplemente tenía que estar dentro del rango de su motor de salto. Eligió uno al azar, puso rumbo a él y activó el motor de salto hiperespacial.

Pero Panov era muy vulnerable durante los segundos que tardó en realizar estas acciones e incluso más allá, porque la nave tardaba unos momentos desde la activación del motor de salto hasta que este se producía. Quizás un minuto en total. Tiempo más que suficiente para que cualquier nave enemiga pudiera destruir una indefensa Sidewinder.

Sin embargo no hubo ataque. Ningún láser ni misil agredió a Malenky. Y la huida se produjo con éxito.

Panov se había orinado encima. Se sentía aterrado, sucio, frustrado, impotente y… enfadado. Su irá empezó a alcanzar cotas alarmantes, desvaneciendo el resto de sentimientos que lo habían embargado segundos antes.

¿Por qué Panov se sentía tan enojado? Cualquier otra persona se habría sentido aliviada de haber salido con vida de una amenaza tan peligrosa como la experimentada momentos antes.

Pero Panov se sentía humillado. Un piloto, seguramente muy mediocre, había osado atacarlo en el sistema donde se supone que debería haber estado más seguro. Y no solo eso, sino que lo había menospreciado y, al comprobar que su presa se trataba de una indefensa Sidewinder manejada por un piloto novato, decidió dejarle huir sin gastar ni una mísera ráfaga de láser.

Un comportamiento así podría ser juzgado como honesto y caballeroso por la mayoría de la gente. Pero para Panov era una gran humillación haber sido indultado de esta manera. Su intrínseco sentimiento de inferioridad había aflorado nuevamente junto a una furia desbocada fuera de control.

Panov estaba en un sistema deshabitado. Necesitaba hacer algo para desahogarse. Puso rumbo a HIP 5700, un sistema habitado cercano. Una vez en dicho sistema, se dirigió a Bracewell Port, una estación Coriolis situada relativamente cerca de la estrella.



Lo primero era sanear la cabina de sus orines; lo segundo, asearse a si mismo. Contrató un servicio de limpieza para lo primero y un camarote de aseo personal para lo segundo. Prefirió gastarse un poco más contratando empresas de buena calidad para asegurarse de que no quedaran desagradables fluidos de su reciente humillación.

Una vez todo limpio, volvió a la cabina de la nave. No quería cruzarse con nadie. Su ira seguía en niveles delirantes y en ese momento odiaba a cualquier miembro de la raza humana.

Entró en el sistema de búsqueda de misiones. Una facción presumiblemente pirata llamada Yaque Gold Rats ofrecía una buena recompensa por la eliminación de naves infectadas por otra de las plagas que últimamente asolaban aquellos sistemas.

En la descripción de la misión se afirmaba que las naves objetivo estaban indefensas e iban a poner una débil resistencia a su desintegración. Una misión de limpieza bien pagada para extirpar de la galaxia a unos pobres desgraciados condenados de antemano y que no importaban a nadie. Una limpieza similar para Panov a la que había ordenado momentos antes para la cabina de su nave.

Panov aceptó la misión y puso rumbo a Yaque, el sistema donde se podían encontrar aquellas naves emponzoñadas.

Empezó a patrullar el sistema en supercrucero y pronto encontró una nave a eliminar. Se trataba de una Hauler sin escudos, pilotada por un comandante novato. Parecía que los infectados no tenían recursos para costearse una huida en una buena nave y con un piloto medianamente preparado.

Panov la marcó como objetivo e intentó interdictarla. Ahora Panov era el agresor y no la víctima, como había ocurrido un par de horas antes.

La interdicción fue exitosa, y Malenky y la Hauler salieron al espacio normal. El otro piloto abrió el canal de comunicación, pidiendo clemencia y apelando a los buenos sentimientos de Panov. Pero Panov seguía fuera de si, odiando al Universo entero y sin poder sentir otra cosa que una ira irrefrenable. Cerró la comunicación y empezó a disparar a la Hauler.

La víctima intentó realizar una maniobra evasiva pero el piloto no era muy habilidoso; los lasers de Panov acertaban sin remisión en su objetivo. Poco a poco la Hauler fue perdiendo integridad hasta que finalmente explotó.

La autoestima de Panov se incrementó ligeramente y su rabia disminuyó en la misma proporción. Según dicen, la primera vez que matas a alguien sientes algo extraño, unos remordimientos primigenios que te remueven por dentro. Panov no sintió nada.

De esta manera exterminó otras dos naves infectadas. La misión estaba resultando tan sencilla como se prometía. Créditos fáciles, algo de diversión, experiencia en combate y alivio para su ira. Todo perfecto.

Sólo le faltaba una nave más para completar con éxito la misión. Encaró a una Adder infectada; el piloto tenía algo más de experiencia que los anteriores, podría resultar más difícil de abatir; pero Panov estaba cansado y quería finalizar lo antes posible la misión.

Interdicción, espacio normal y fuego de lasers. Sin embargo, esta vez fue diferente. La Adder estaba armada y el piloto enemigo intentaba defenderse con cierto éxito. Los débiles escudos de Malenky empezaron a sufrir los lasers de la Adder y, en poco tiempo, desfallecieron.

Ambas naves se encontraban en un juego mortal, encarándose y disparándose mutuamente, a la manera de las antiguas justas medievales entre caballeros. La integridad de las naves bajó rápidamente. Panov empezó a sentir un sudor frío, indicativo del miedo y frustración que estaban apoderándose de su alma.

La Adder sufría más que Malenky, pero unas ráfagas afortunadas igualaron un poco el duelo. Malenky empezó a sufrir fallos esporádicos en sus sistemas al ir pendiendo integridad. La Adder enemiga debía estar sufriendo síntomas similares.

Panov se alarmó al ver que la integridad de Malenky bajaba por debajo del 40%. ¿Cómo era posible que una Adder sin escudos pilotada presumiblemente por un desesperado apestado apenas sin experiencia estuviera resultando tan difícil de exterminar? El terror y frustración de Panov crecían a la vez que la integridad de Malenky disminuía.

Finalmente la Adder explotó. Y el proceso se repitió en el interior de Panov. El cóctel de terror y frustración fue dejando paso poco a poco a una ira irrefrenable. Panov se volvía a sentir humillado por haber estado cerca de ser derrotado por alguien considerado como muy inferior por elevado ego.

Panov regresó a la base donde había obtenido la misión. Cobró los créditos y, sin salir de la cabina, encargó un poco de comida y un mucho de vodka. Se sentía cansado, enojado, frustrado y el alcohol debía ser un buen remedio para sentir menos dolor dentro de su atormentada alma.

Fue perdiendo la conciencia poco a poco, sintiendo un lejano alivio a su desesperación. Y, antes de dormirse, comenzó a llorar amargamente y volvió a ensuciar la cabina con una mezcla de vómitos y lágrimas.
 
OSELIN

Fecha
: 06/03/3305

El despertar de Panov en Hague Gateway fue muy desagradable. La mezcla de vodka y bilis había impregnado un olor apestoso en el interior de Malenky. La cabina necesitaba una nueva limpieza a fondo.

Además del asqueroso aroma que le rodeaba, la resaca le regalaba a Panov un horrible dolor de cabeza junto a un leve malestar estomacal. Pero lo peor era esa otra sensación, tan punzante e incómoda: remordimientos.

Panov empezó a recordar lo acontecido el día anterior y su caida final en una espiral de frustración, odio y violencia. No podía dejar que volviera a ocurrir algo parecido, tenía que intentar controlar esos ataques de ira. Su comportamiento debería ser lo más racional posible si quería llegar a ser un honorable piloto, como deseaba en su fuero interno desde siempre.

No es que sintiera una gran empatía por sus congéneres menos afortunados que él. Pero una cosa era sentirse ligeramente superior a la mayoría de la plebe que habitaba la burbuja, y otra muy distinta masacrar pobres enfermos que luchaban por su supervivencia, aunque se tratara de una misión ofrecida legalmente por una facción menor sin demasiados escrúpulos. Por mucho que deseara subir de rango de combate para poder acceder a mejores naves, no podía hacerlo a costa de ejecutar a novatos e indefensos pilotos que transportaban a inocentes contagiados de una de las numerosas plagas que últimamente se extendían por la galaxia.

Panov pidió un servicio de limpieza de la cabina y, mientras este se llevaba a cabo, decidió dar una vuelta por la estación para buscar oferentes de misiones adecuadas a sus gustos, ética y nivel de pilotaje. En poco tiempo encontró a un representante de una facción que le ofreció una misión sencilla de transporte de combustible de hidrógeno a Gunter Station en HIP 5623. No es que tuviera una remuneración demasiado elevada pero era de lo mejor que podría encontrar con su bajo rango.

Panov regresó al hangar donde estaba Malenky. Era sorprendente lo buenos que eran los servicios de limpieza; la cabina volvía a estar impoluta como si la nave fuera nueva a estrenar.

El viaje hasta la estación de destino se produjo sin contratiempos; entregó la mercancía y en la cuenta de Panov se ingresaron unos pocos créditos más. Para amortizar el viaje de vuelta, Panov decidió llenar la bodega de la nave del producto disponible en Gunter Station que pudiera otorgarle más beneficios al venderlo en Hague Gateway. Consultó las bases de datos y encontró lo que buscaba: cerveza. Su cabeza y estómago protestaron ligeramente acordándose de lo que les había provocado el vodka la noche anterior, un primo lejano de la cerveza. Aún así Panov ordenó la compra de toda la cerveza que cupiera en Malenky y puso rumbo a Hague Gateway.

Viaje rápido, aterrizaje y venta de la cerveza. Los beneficios de la transacción comercial provocaron el ascenso de Panov a Buhonero en el rango de comercio. Y este ascenso le abría las puertas para acceder a una Hauler, una nave de comercio con bastante más capacidad que la Sidewinder que pilotaba en ese momento.

Estos progresos alegraron a Panov. Su situación mental había cambiado drásticamente respecto al día anterior. Tenía que perseverar, trabajar duro, controlarse y sus deseos se irían haciendo realidad poco a poco. Panov meditó sobre si seguir haciendo misiones para ir acumulando créditos y ascensos, o bien comprarse la Hauler y probar a trabajar para Aisling. Decidió darse una pequeña alegría y optó por la segunda opción.

Así pues puso rumbo a Medupe City en Cubeo para comprarse allí la nueva nave y cargarla con material de propaganda de Aisling que ayudara a extender su influencia sobre ciertos sistemas. Su aportación sería minúscula, inapreciable, apenas una gota en un mar de un mundo totalmente acuático. Pero le serviría para aprender y para sentirse realizado, al menos un poco.

Antes de saltar a Cubeo se acordó de que, la última vez que había estado por allí, había sido interdictado por una nave de una superpotencia rival enemiga que, afortunadamente, le había dejado escapar, seguramente por considerarlo demasiado novato e inofensivo. Esto provocó una fuerte desazón en Panov; pero no podía echarse atrás, no podía dejarse vencer por el miedo. Pulsó el botón de salto hiperespacial.

Sin embargo, esta vez el viaje en supercrucero por Cubeo se produjo sin ningún incidente y Panov pudo llegar a Medupe City de manera muy tranquila.

Una Hauler era una nave bastante barata, algo más valiosa que una Sidewinder pero de las más asequibles existentes. Panov se podía permitir comprarse dicha nave pero no así equiparla con los mejores componentes; para ello debería ganar bastante más dinero haciendo misiones y comerciando con productos.

Almacenó a Malenky en un hangar, con un pequeño deje de tristeza. No había estado mucho tiempo pilotando dicha nave pero le estaba empezando a coger cierto cariño. Panov se dijo que aquello no era una despedida, solo un hasta luego. Si quería ascender en el rango de combate debería usar a Malenky para luchar, ya que una Sidewinder era un poco más ágil que una Hauler.

La adquisición de la Hauler fue rápida. Mejoró algunos de los módulos de fábrica, pagó y ya se pudo sentar en su nueva niña bonita. Bueno, bonita tampoco lo era mucho. Las Hauler eran naves algo toscas, una especie de ladrillos volantes, muy funcionales para su tamaño, pero no demasiado estéticas. Eran como pequeños asnos, muy fiables y útiles para transportar mercancías, pero ni muy ágiles ni demasiado rápidas.

¿Cómo podía bautizar a esta nave? Panov utilizó la analogía anterior, burrito pequeño… Oselín, en la lengua rusa de sus lejanos antepasados. Si, Oselín era un nombre muy adecuado para una Hauler.

Y ahora a empezar a aportar a la causa de Aisling. Panov decidió cargar las 10 toneladas gratuitas de propaganda que le correspondían cada 30 minutos por su nivel inicial en la superpotencia. Según fuera ascendiendo de nivel podría disponer de más material. La otra opción para adquirir más material era comprarlo, hasta donde llegara tu dinero; pero Panov no era tan tonto como para gastarse sus escasos ahorros en un poco de propaganda que apenas supondría ninguna diferencia para la causa de Aisling.
La propaganda debía llevarse a un sistema marcado como en preparación para ser absorbido por la superpotencia de Aisling en semanas posteriores. Panov eligió HIP 118062 como destino.

El viaje hasta allí fue sosegado. Y así Panov pudo completar la primera entrega para la causa de Aisling. Ya se sentía parte integrante de la superpotencia; una parte minúscula, apenas un átomo de una gran superestructura. Pero parte de ella, sin duda.

Panov, bastante satisfecho de sí mismo, puso rumbo al sistema Yaque. Sus trabajos para las facciones de dicho sistema habían incrementado su reputación, lo que le daba acceso a mejores misiones. Pero cambió su destino de la estación Hague Gateway (que le traía amargos recuerdos del día anterior) por Barnwell Port. Nave nueva, hogar nuevo, caras nuevas… y nuevo Panov, un poco más maduro y seguro de sí mismo que el desquiciado Panov de la noche anterior.
 
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